El crimen no debe tener más poder que el Estado

Las pandillas han respondido con brutalidad a los esfuerzos del Gobierno para frenar su influencia en el territorio salvadoreño. No se trata nada más de instaurar el terror en los barrios, colonias y comunidades, en donde controlan el movimiento de entrada y salida de personas y mercancías, sino también de la barbarie que cometen contra los que consideran sus enemigos.

Enlace copiado
Enlace copiado

Esta semana vimos cómo una familia entera (formada por el policía Wálter Antonio Alfaro; su esposa, Maritza Varela de Alfaro; y la hija de ambos, Adriana Gisell, de cuatro años) fue masacrada por miembros de una pandilla. A las víctimas se suma un amigo del agente, que se encontraba de visita.

¿Cómo entender el odio ciego de alguien que asesina a una niñita de cuatro años? El subdirector de la PNC, César Baldemar Flores Murillo, dijo el viernes durante el sepelio de la familia Alfaro, en un cementerio privado de Santa Ana, que los homicidas podrían ser ejecutados, a su vez, por sus mismos compinches de la pandilla. El viceministro de Seguridad, Raúl Antonio López, aseguró que están cerca de capturar a los criminales, a quienes les ofreció un “juicio justo” y “respetar sus vidas”.

Esto último es particularmente importante, justo cuando salen voces pidiendo ojo por ojo, muerto por muerto.

Nuestra sociedad no puede vivir en una eterna espiral de violencia. El crimen no puede ser la justificación de otro crimen.

El Estado de derecho debe imperar en El Salvador. Y esto no quiere decir, como otros apuntan, que los agentes de seguridad pública (policías y militares en labores de seguridad) no puedan abatir a sus atacantes. Los agentes del Estado, en tales circunstancias, deben tener la prioridad, pues actúan en defensa de la ciudadanía.

Jamás entenderé a quienes blanden mazos en contra de policías y soldados que matan a pandilleros durante enfrentamientos. Pueden haber las investigaciones que se requieran, siempre y cuando no estanquen las labores de seguridad, pero nunca partir, a priori, de que policías y soldados son asesinos. No es justo y demuestra una total ingratitud para quienes, en cada segundo, arriesgan sus vidas por el colectivo.

¿Qué si nuestros policías matan más que cualquier organización de seguridad? ¿Y cuántas de estas organizaciones de seguridad están bajo el asedio de criminales que los asesinan cuando están desarmados, cuando cuidan de sus familias? ¿Atacar a políticos que abiertamente se declaran enemigos de los pandilleros y favorables a dotar de mejores armas a la Policía? Me parece que ambos argumentos son más bien para proteger a los delincuentes. Y eso, para mí, no tiene justificación.

Lee también

Comentarios

Newsletter