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El culto a los políticos es costosísimo

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Luis Membreño - Economista

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La semana pasada ocurrieron unos hechos muy lamentables en el Capitolio de Estados Unidos. La sede del Congreso de ese país fue atacada violentamente por manifestantes que fueron instigados por el presidente Donald Trump, quien se ha negado a reconocer que perdió las elecciones del 3 de noviembre recién pasado. El presidente Trump ha sostenido que le hicieron trampa y que su victoria fue arrolladora, pero en ningún momento ha podido presentar un tan solo caso ante las autoridades respectivas que comprueben dicho fraude electoral. La última derrota fue la que sufrió el martes 4 de enero en Georgia con lo que los republicanos perdieron el control del Senado y los demócratas ya habían podido mantener el control de la Cámara de Representantes en las elecciones de noviembre.

El presidente Trump es una de esas personas que generan pasiones bien grandes. Por un lado lo aman sus seguidores y por el otro lado lo detestan sus opositores. Es una persona que ha mentido en innumerables ocasiones, que ha generado una gran división en la sociedad estadounidense y todo eso ha ocasionado protestas por grupos minoritarios como los negros, muchos deportistas profesionales y por personas que valoran la diversidad que ha producido la inmigración en Estados Unidos porque eso es lo que ha hecho grande a dicha nación.

Trump es un ególatra que se admira a sí mismo, que cree que no hay nadie en la historia a quien valga la pena admirar, más que a él mismo. Es un populista que no es capaz de admitir errores y que a pesar del fuerte apoyo que tuvo de más de 70 millones de votantes perdió las elecciones ante Biden. Su carácter confrontativo lo llevó a polarizar a la sociedad estadounidense, a violar la Constitución, la independencia de algunas instituciones del Estado y a cuestionar el resultado de las elecciones. Trump ha indicado que no va a asistir al traspaso de la presidencia lo que denota que es un muy mal perdedor. Es un niño caprichoso que no acepta que en algunas ocasiones se gana y en otras se pierde.

El caso de Trump no es único en la historia, ni en la actualidad. Hay muchos gobernantes que se creen ungidos por Dios para gobernar a un país, a una región del mundo. El problema de este tipo de gobernantes es que creen que el gobierno les pertenece y quisieran quedarse en el poder vitaliciamente. Ellos creen que no hay nadie mejor que ellos en el mundo y buscan crear enemigos para echarle la culpa de todo a sus opositores, dividir a los votantes y de esa manera mantenerse en el poder. Son personas que creen que la Constitución, las leyes y la democracia son un problema y que no deben ser respetadas porque ellos hablan por el pueblo y saben mejor lo que le conviene a los ciudadanos. Al final terminan creyendo que ellos son el pueblo. Ya no solo el "Estado soy yo" como dijo Luis XIV, sino que también "el pueblo soy yo" y que por ello son poseedores de un mandato incuestionable por lo que nadie debe detenerlos.

Cualquier similitud del presidente Bukele con Donald Trump es pura coincidencia. Bukele no envió a sus seguidores a la Asamblea Legislativa sino que fue un paso más allá, él se sentó en la silla del presidente del Congreso. ¿Qué hubiera pasado si Trump hubiera llegado con el ejército al Capitolio y se hubiera sentado en la silla de Nancy Pelosi como presidenta de la Cámara de Representantes?

Trump encontró en los demócratas, en los negros y en la inmigración ilegal latina los enemigos con los que podía convencer a los blancos para que votaran por él. Bukele ha hecho de ARENA, el FMLN y los diputados los enemigos del pueblo y con ello ha convencido a muchas personas a votar el próximo 28 de febrero por él. No por Nuevas Ideas, no por los candidatos a diputados o alcaldes, sino por Nayib Bukele, aunque él no sea el que está compitiendo por esos cargos pero está seguro de que los diputados que sean electos bajo la bandera de la "N" de Nayib van a hacer lo que él les ordene.

El culto a los políticos es costosísimo para todo el pueblo. Hoy está Bukele en la cima, como lo estuvo Trump hace cuatro años, Tony Saca en 2004, pero todo lo que sube termina cayendo.

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