El daño moral

Es común que las personas tengan una noción difusa de qué es daño moral, pero concuerdan en considerar justo que se indemnice por ello. También es frecuente que se asocie únicamente a graves trastornos psicológicos, dolor o sufrimiento. Sin embargo, actualmente la noción de daños morales es mucho más amplia, ya que comprende todo dolor, pesar, molestia, zozobra, frustración, aflicción, ansiedad, temor, angustia, pérdida de agrado, etcétera, que experimenten las víctimas.
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Es por ello que no sorprende que se llegue al punto de considerar acertado indemnizar al sujeto que, a raíz del acto dañoso, padecerá la frustración de ya no poder disfrutar de sus pasatiempos y/o realizar sus actividades cotidianas.

Con mayor certeza se puede denominar como daño extrapatrimonial, en razón que es el perjuicio que no lesiona el patrimonio de la víctima, ni sus ingresos, ni puede cuantificarse económicamente con referencia a un valor de mercado. Por ejemplo, si se propaga una noticia falsa que atribuye un delito a otra persona, el bien lesionado es de carácter extrapatrimonial: su honor. Lo mismo sucede si la víctima experimenta la pérdida de una extremidad o la vista: se lesiona su integridad física.

La persona no ha padecido un daño sobre un bien de su patrimonio. Por ende, el daño es moral, así como es indemnizable la angustia padecida por ello. En cambio, si un muro en construcción colapsa cayendo sobre un automóvil, el dueño del automóvil habrá sufrido un daño en uno de los bienes de su patrimonio. El daño es patrimonial.

A partir de lo anterior se deduce que el rasgo caracterizador de los daños morales es que se producen cuando se lesionan los conocidos como derechos o bienes de la personalidad, los cuales son inherentes a todo ser humano. Es decir, lesionan derechos tales como a la vida, a la integridad física, a la intimidad, al honor, a la propia imagen, a la huelga, a la información, y libertades como la de tránsito, de expresión, religiosa, de reunión, de asociación, ideológica.

Ahora bien, ¿cuál es la función de la indemnización? Es imposible que mediante la entrega de una suma dineraria la víctima retorne a la situación que se encontraba antes de perder su extremidad, o de haberse perjudicada su intimidad por la revelación de secretos. Debe descartarse que su función sea la de reparar el daño. Nunca se podrá “dejar indemne” a la víctima como sí sucede en otro tipo de daños. La indemnización no hará desaparecer su dolor o zozobra. Su función es más bien compensatoria. A fin de responder el título del presente artículo, la indemnización es para que la víctima alivie su dolor, zozobra o molestia, y le ayude a sobrellevarlo o superarlo.

Esto descarta atribuirle una función sancionatoria o punitiva. En otros sistemas jurídicos como el estadounidense podemos encontrar condenas de indemnización millonarias bajo el concepto de daños punitivos. Sin embargo, en nuestro sistema jurídico las indemnizaciones pretenden resarcir o compensar a la víctima, no castigar al agresor.

Por otro lado, precisamos que un mismo acto puede producir tanto daños patrimoniales como extrapatrimoniales. Así como, los daños morales pueden generarse también en un contexto de responsabilidad contractual (dolor por cirujano que realiza mala praxis, zozobra por revelación de secreto profesional, molestia por orquesta que no acude a la boda que debía amenizar, etcétera).

Las anteriores consideraciones las hacemos en virtud de la resolución de la Sala de lo Constitucional en la que ordena a la Asamblea Legislativa que promulgue a más tardar el 31 de diciembre de 2015 una ley “por la que se fijen las condiciones de ejercicio del derecho a la indemnización por daño moral”. Hay tiempo más que suficiente para cumplir adecuadamente con tal mandato y no tener luego que estar improvisando.

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