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El delicado tema de la emigración-inmigración debe ser tratado siempre en forma integral para ir generando alternativas funcionales

Por otra parte, las condiciones de inseguridad y de falta de oportunidades en los países de origen, como El Salvador, impulsan aún más el caudal migratorio, con lo cual la situación se complica más aún.
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Durante la guerra interna que vivimos los salvadoreños durante la década de los años 80 del pasado siglo y a lo largo de la posguerra que lleva ya casi 25 en curso, el fenómeno de la emigración de salvadoreños se ha mantenido en crecimiento. Hay que comenzar por decir que El Salvador ha sido desde siempre país de emigración, por efecto de sus propias condiciones nacionales; pero sin duda en esta época el fenómeno migratorio se viene expandiendo, por efecto de una serie de causas que habría que tener en cuenta para entenderlo y para esforzarse en darle tratamientos y soluciones que correspondan a la realidad en todos sus componentes.

Hay que decir, para no minimizar el enfoque, que las migraciones siempre han existido y existirán siempre, porque los seres humanos nunca dejarán de buscar nuevos horizontes conforme a sus propias circunstancias. En ese sentido, la gran corriente migratoria hacia el Norte desde nuestros países tiene como una de sus causas el propósito de ir en procura de mejores condiciones de vida ahí donde el desarrollo está más avanzado; y la globalización con todos sus recursos comunicativos y expansivos da pábulo para ello. Esto, por supuesto, genera colateralmente serios problemas de legalidad, porque los países de destino tienden, como es lógico, a autoprotegerse, sobre todo en estos tiempos de tantas amenazas circulantes, y entonces las redes que manejan en el terreno la inmigración ilegal hacen de las suyas.

Por otra parte, las condiciones de inseguridad y de falta de oportunidades en los países de origen, como El Salvador, impulsan aún más el caudal migratorio, con lo cual la situación se complica más aún. Para un país como el nuestro, si bien el flujo de remesas es un significativo sostén financiero, las consecuencias de desintegración familiar tienen un impacto social de alta intensidad. La problemática, pues, se vuelve complejísima, y para encararla de veras hay que entender que toda esta situación es multifacética, lo cual requiere que los países de origen y el país de destino, que principalmente es Estados Unidos, traten en común todas las facetas en juego, de manera efectiva y razonable.

Por la experiencia reiteradamente vivida en todas partes se sabe sin ningún género de duda que no hay soluciones a rajatabla, porque se trata de realidades que derivan de condiciones existentes tanto en los países de origen como en los países de destino. Es necesario, por supuesto, tratar de hacer que la legalidad se imponga, pero teniendo en cuenta que dicha legalidad también tiene que irse adaptando a lo que pasa en la vida.

Una problemática como ésta no puede ser resuelta en forma mecánica ni repentina: hay que reconocer que aquí hay componentes económicos, jurídicos, emocionales y humanitarios, que hacen que cada caso personal y familiar tenga su propia identidad. En lo que a nuestro país se refiere, evidentemente es esencial que se activen mucho más los dinamismos para ofrecer oportunidades que alienten la permanencia y desalienten la emigración. Ni los llamamientos en abstracto ni las amenazas de represalias funcionan frente al imperativo de hallarle rutas al destino de las personas. Hay que trabajar con armonía y creatividad para que un fenómeno histórico de esta magnitud pueda ir entrando en carriles que verdaderamente conduzcan a otro futuro.

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