El derecho a la vida no se debate

Las últimas semanas hemos leído infinidad de artículos relacionados con el aborto.
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Los que lo apoyan, hablan de 2, 3 y hasta 4 causales. Esto es la mayor prueba de cómo el tema de las causales es solo la punta de lanza por la que se pretende empujar una, otra y otra causal, con la idea de que quede completamente despenalizado y eventualmente legalizado, como ha pasado en cada uno de los países en los que ya es ley.

Lo que se despenaliza se vuelve legal, ya que transgredirlo no conlleva pena y por lo tanto, practicarlo está amparado por la ley. Es pues, una manera solapada de irlo legalizando.

La vida es el más grande de los derechos del ser humano. Sin este derecho, no puede ejercerse ninguno de los otros.
Los que ahora hablamos, ejerciendo nuestro derecho a expresarnos, estamos vivos, y todos estuvimos en nuestra primera edad, del tamaño de los que ahora quieren ser abortados. Somos el ejemplo viviente de cómo la vida, desde el momento que inicia en la fecundación,  tiene un desarrollo progresivo que no se interrumpe hasta la muerte, la cual, por derecho, habrá de venir de una forma natural.

La ley en El Salvador, sabiamente, y tomando en cuenta infinidad de situaciones que pueden presentarse en el ejercicio profesional, aplicable al caso particular del ejercicio de la medicina con respecto a un embarazo con complicaciones, en el artículo 27 del Código Penal, en el inciso 6 dice, que no es responsable penalmente: 

“6) Quien actúa u omite en colisión de deberes, es decir cuando existan para el sujeto, al mismo tiempo, dos deberes que el mismo deba realizar, teniendo solamente la posibilidad de cumplir uno de ellos”.
De lo que se trata entonces, en cualquier situación extrema del embarazo, es de “intentar” salvar las dos vidas y actuar en consecuencia a esto, de tal manera que si, accidentalmente, el bebé muere, no fue porque no se luchara por su vida.
No podemos seguir empujando leyes o modificaciones al Código Penal que inviertan la obligación más grande del Estado, que es la de proteger la vida.
Hay demasiada violencia en nuestro país, como para seguir promoviendo más violencia. 
El aborto es violencia contra la mujer.
Las víctimas resultantes del aborto son alrededor del 75 %, mujeres, pues son todas las madres que abortan y más o menos la mitad de los niños no nacidos que mueren en el aborto.
Mucha tinta corre con respecto a que el hecho de que se despenalice el aborto no lo vuelve obligatorio, que cada quien tiene su escala de valores y que esta escala no se le puede imponer a nadie. Nada más lejos de la verdad. El ser humano se debate permanentemente entre el bien y el mal, y es al Estado al que le corresponde establecer los límites de lo permitido, para que la armonía reine en la sociedad. Es tanta su responsabilidad, que se entiende como bueno lo que es legal.
Somos todavía uno de los poquísimos países que protege la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Establecer claramente el principio y el fin de la vida humana en nuestra Constitución ha sido nuestro principal baluarte, el cual desde ya, quisiera ser replicado en muchísimos países que no actuaron a tiempo.
No podemos caer en la trampa de replanteárnoslo: ¡El derecho a la vida no se debate!

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