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El desafío más importante

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Rafael Ernesto Góchez - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Un tribunal federal falló este 14 de septiembre a favor de la decisión del gobierno estadounidense de cancelar el TPS, permiso que le concede trabajar en EUA a más de 200 mil compatriotas hasta el 4/enero/2021 (más 365 días adicionales para salir de EUA). De no modificarse o revocarse dicha resolución, iniciaría un proceso de repatriación que impactaría a la familia y economía salvadoreña.

La situación migratoria es compleja. Por una parte, el éxodo (válvula de escape) confirma el espíritu de superación de los salvadoreños; y por otra, la pandemia ha restringido más las fronteras y ha acentuado las causas de la emigración masiva (falta de oportunidades, inseguridad y desesperanza).

El Salvador está estancado por el covid-19 e inquieto por el probable retorno de miles de connacionales. Esta encrucijada reitera la conveniencia de actuar inteligentemente para no volver a la situación de antes del coronavirus. Por ello, habría que precisar “El Salvador que queremos” y caminar en esa dirección. Esta ruta exige (a) dialogar con todos los sectores e incluirlos en la solución de los problemas y (b) realizar una reforma fiscal para enfrentar la difícil situación que se avecina.

El desafío más importante que tiene el país consiste en superar la crisis actual con una visión de desarrollo. No hay fórmulas mágicas y la presente década será cuesta arriba. Convendría, por lo tanto, que mejorar la calidad de vida de la población en su lugar de origen y lograr la autosuficiencia a nivel local se convirtieran en dos objetivos estratégicos de la reconstrucción nacional.

Los gobernantes tienen una doble tarea: (1) atender las emergencias en jornadas 24/7 y (2) actuar hoy pensando en mañana. Aquí se plantean cinco medidas para darle viabilidad al país.
Medida 1. Democratizar la toma de decisiones. Esto requiere de la participación ciudadana en la elaboración y ejecución de políticas públicas en el ámbito nacional y municipal, y del efectivo funcionamiento de los mecanismos constitucionales para el control del poder público.
Medida 2. Dar prioridad a la agenda social. Esto implica mejorar la calidad de la educación y salud pública, la que además es la vía indicada para aumentar la productividad. Habría que generar compromisos para que la suma de estos dos ramos alcance el 10 % del PIB en 2026.
Medida 3. Desconcentrar la actividad económica. Esto exige promover los encadenamientos productivos en los catorce departamentos. ¿Cómo? Apoyando la asociatividad, facilitando el acceso a servicios de desarrollo empresarial y vinculando la educación superior y el sector productivo.
Medida 4. Acelerar el proceso de digitalización. Esto demanda mejorar los servicios de banda ancha y desarrollar aptitudes para el teletrabajo, la formación a distancia y los servicios en línea. La consigna sería “ampliando oportunidades reduciendo la brecha digital”.
Medida 5. Fortalecer la capacidad de resiliencia. La principal tarea es capacitar, organizar y apoyar a los sectores público y privado para enfrentar los efectos del cambio climático. La prevención y la mitigación de desastres debería practicarse en escuelas y comunidades.
Conclusión: el desafío más importante es que los salvadoreños nos pongamos de acuerdo en el país que queremos y avancemos decididamente en esa dirección. La cooperación externa es valiosa y debería caracterizarse por fortalecer las instituciones y capacidades nacionales. ¡Manos a la obra!

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