Lo más visto

El “desmadre” fiscal

El calificativo puede resultar impropio, pero no lo es. La RAE lo define como: “Exceso desmesurado en palabras o acciones”.
Enlace copiado
El “desmadre” fiscal

El “desmadre” fiscal

El “desmadre” fiscal

El “desmadre” fiscal

Enlace copiado
Es decir, el adjetivo recoge con propiedad lo que está pasando en torno al tema que nos ocupa, pero la acepción se puede quedar corta, cuando en el imaginario colectivo se extiende la sensación de que no se está diciendo toda la verdad, alrededor en un problema que puede tener un efecto sistémico de impredecibles consecuencias.

Hay que decir una vez más que el problema fiscal no es nuevo, pero su trayectoria ha ido adquiriendo características estructurales más difíciles de superar conforme pasa el tiempo. Y en esto, tanto los gobiernos de ARENA como los del FMLN tienen su cuota de responsabilidad por no haber actuado oportunamente, haber sido poco transparentes, abusar del crédito público y en general mantener un ritmo de gastos que excedía la capacidad del sistema económico para generar tributos no confiscatorios.

Obviamente, no se puede ignorar la evasión y la elusión tributaria, pero tampoco el hecho que el populismo ha exacerbado últimamente el problema, pues mientras la economía permanecía aletargada, se aprobaban presupuestos que disfrazaban el déficit, en tanto que la oferta de bienes y servicios públicos se hacía más escasa y costosa para mantener la sanidad fiscal, pero con programas públicos sensatos y realistas. Ahora estamos frente a un “problema país” donde todos tenemos que pagar parte de la factura. Lo que no se vale es que ni el gobierno ni la oposición estén jugando el papel que les corresponde, en tanto que el partido gobernante descarga toda la responsabilidad en la “derecha oligárquica”, que por cierto está perdiendo protagonismo frente a su contraparte izquierdista –enquistada en el partido o patrocinada por este– con iguales o peores mañas que las que ellos mismos les atribuían a la primera.

Es claro que se necesita un consenso mínimo para enfrentar la actual situación de iliquidez y evitar que se caiga en un problema de insolvencia. Decirlo es fácil, pero muy difícil de materializar, especialmente por la actitud arrogante y poco transparente del gobierno, cuyos voceros principales, comenzando por el bufón del partido, ningunean al propio presidente y hacen nugatorio cualquier intento de acercamiento sincero. Lo peor de todo son las triquiñuelas legislativas al llevarse sistemáticamente de encuentro la Constitución y, ahora, promoviendo la desobediencia social para achacarle a la SC las penurias fiscales, cuando lo único que ha hecho es cumplir con la ley.

La última jugada para escamotear los ahorros de los cotizantes del sistema privado con la reforma del FOP solo conduce a esfumar la esperanza de una vejez más o menos digna de los afectados. Pero el persistente despilfarro y su compañera de viaje (la corrupción) no se detienen, mientras el diálogo sugerido por el presidente se diluye entre señalamientos fuera de tono, plagados de mentiras y de un no disimulado odio de clases, que descalifican el cacareado discurso del partido por el bienestar de las mayorías.

Hasta la austeridad ofrecida por el mandatario se pone en duda cuando se presenta un presupuesto incrementado en casi $100 millones, con aumento de plazas y salarios para seguir inflando una burocracia cuya única credencial es la lealtad al partido; mientras excluyen, nuevamente, los compromisos previsionales. Pero no solo el gasto dispendioso preocupa; también la versión que anda circulando sobre el monto de la deuda. Se habla de que el partido quiere convertir en deuda soberana los compromisos de ALBA, de estar socavando el patrimonio de las autónomas y las reservas internacionales, de propiciar la bancarrota de muchas municipalidades e, incluso, de estar abusando de la figura de la titularización. Quisiéramos pensar que todo esto es solo producto de la desconfianza que ha sembrado el mismo FMLN. Por ello, el tratamiento del desmadre fiscal debe ser transparente, sensato, realista y estrictamente apegado a la ley. Ah, y no olvidar que la comunidad internacional también está vigilante.

Lee también

Comentarios