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El destino de los jóvenes es uno de los temas básicos que habría que enfocar y enfrentar cuanto antes y de forma integral

En tal sentido se requiere un monitoreo permanente de lo que ocurre en los distintos ámbitos sociales, para que las políticas nacionales puedan dirigirse con certeza y por consiguiente con verdaderas posibilidades de efectividad a atacar situaciones de riesgo o de agresión.
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Cuando las condiciones se complican y se trastornan en los niveles a los que ha llegado nuestra sociedad en los tiempos más recientes, hay que poner especial atención a lo que pasa en los distintos ámbitos de la sociedad, porque siempre hay sectores que resultan más afectados que otros. En tal sentido se requiere un monitoreo permanente de lo que ocurre en los distintos ámbitos sociales, para que las políticas nacionales puedan dirigirse con certeza y por consiguiente con verdaderas posibilidades de efectividad a atacar situaciones de riesgo o de agresión. En ese marco, no es posible dejar de lado el hecho de que los jóvenes están en la primera línea de vulnerabilidad en muchos sentidos. Las condiciones de vida son adversas para niños y jóvenes, y esto constituye un reto social, moral e institucional que tendría que ponerse en primer plano en cualquier estrategia nacional por construir.

Aquí estamos hablando tanto de la vida como de la muerte. Para los salvadoreños que están iniciando su andadura vital el panorama se presenta sombrío de múltiples maneras. Hay una desarticulación familiar muy profunda debido, entre otros factores, a la emigración masiva que tomó gran impulso inmediatamente después de concluida la guerra interna. Por otro lado, las graves deficiencias e insuficiencias del sistema educativo nacional, desde los tiempos en que se puso en marcha la fallida Reforma de finales de los años 60 del pasado siglo, vienen haciendo mella en la formación de las nuevas generaciones. Y, pasada la prueba de fuego del conflicto bélico, ha llegado esta época en la que la criminalidad organizada le ha dado fuerza al fenómeno pandilleril con todas las consecuencias destructivas que esto ha traído consigo, muy especialmente para los más jóvenes.

¿Qué hacer ante un desafío de características tan extremas, frente al que nadie parece tener respuestas valederas y practicables? Gran cantidad de jóvenes están hoy en manos del crimen, que los usa como instrumentos fáciles, volviéndolos a la vez victimarios y víctimas. Otros optan por emigrar, con todas las adversidades que eso lleva consigo, pero movidos también por la esperanza de una vida mejor en otros ambientes. Y desde luego hay muchísimos que se exponen a permanecer aquí, porque en definitiva es su lugar de origen y, aunque dificultosamente conseguibles, también en él existen oportunidades de construir destino propio. Todos ellos merecen un tratamiento especial, que les ayude a encontrar su ruta: los que están en manos de la criminalidad, por medio de una reinserción bien concebida y aplicada; los que emigran, haciéndoles sentir que el país está atento a su suerte en toda circunstancia; y los que se quedan, abriéndoles oportunidades de autorrealización cada vez más seguras y motivadoras.

Sin duda, la suerte y aun la supervivencia de los jóvenes están en juego. Según Amnistía Internacional, 2,521 jóvenes menores de 24 años fueron victimizados en nuestro país en 2015. Y según datos de la mesa tripartita –Fiscalía General, Instituto de Medicina Legal y PNC– los que han perecido hasta comienzos de octubre de este año suman 2013. Son cifras alarmantes. Los salvadoreños tenemos que hacer algo en serio para que la destrucción de vidas y de futuros se detenga. Es el destino del país el que está en jaque, y asumirlo en tal dimensión es lo que nos toca en esta hora tan decisiva de nuestra historia.

Tags:

  • juventud
  • vulnerabilidad
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