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El día que organizamos una protesta

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El día que organizamos una protesta

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El joven salvadoreño aprende el statu quo, lastimosamente, con principal énfasis, en las universidades y, en segundo lugar, pero de manera más natural, en el hogar. Se le enseña a no faltar a clases, a no perder una nota de un parcial, a no involucrarse en actividades extracurriculares de incidencia social “porque puedes salir mal en tus notas”, “ten cuidado porque vas a bajar tu CUM”, entre otras.

Acá en nuestro país, la gran mayoría de universitarios se sienten cómodos al ser tratados como niños, donde papá y mamá manda (u otro pariente mayor). Si los profesores los invitan a denunciar alguna anomalía, no la realizan y si el decano implementa políticas en contra de sus intereses, callan, y si el mundo se cae fuera de las paredes de la universidad, no pasa nada.

Existe una oportunidad histórica en rescatar la organización estudiantil universitaria del legado de la guerra, nadie quiere un nuevo conflicto armado civil, pero qué falta nos hace una juventud organizada que exija el respeto de nuestro Estado de derecho, que exija una sociedad más justa e inclusiva. Que reclame transparencia y haga temblar a los políticos corruptos, pero sobre todo, que inspire y conspire para organizar a todos aquellos que no estando dentro de un recinto educativo, sientan ese mismo deseo de exhortar, organizarse y protestar.

Cuando un sistema funciona, él solo se corrige y establece contrapesos para su equilibrio y sostenibilidad. Tal es el caso de las federaciones de estudiantes universitarios en diferentes países europeos o suramericanos. Por ejemplo, las federaciones estudiantiles chilenas que aglutinan a los diferentes consejos estudiantiles universitarios, para autorregularse y apoyarse en sus quehaceres dentro y, sobre todo, fuera de las paredes de su respectiva universidad.

Los consejos estudiantiles universitarios son esa gran tarea pendiente de país, es una causa por la que vale la pena comprometerse y seguir apostando.

Eran las 7:30 de la noche, el momento de mayor concentración de personas. Unas 300, aproximadamente. Gente de diferentes ideologías, muchas de izquierda, sorprendentemente. La noche anterior se había aprobado un decreto por todos conocido, el “Decreto 743”, que limitaba las funciones de la Sala de lo Constitucional, que en aquel momento fue visto como una ley sin precedentes por el cinismo y corrupción pactada entre las principales fuerzas políticas del país, una gota que derramó el vaso de cuatro locos en la mañana de ese mismo día que leían las noticias:

 —Marlon, ¿ya viste las noticias?

 —Sí, ya las vi, Carmen. Indignante.

 —Hay que hacer algo, Marlon. Yo digo que hay que convocar a una marcha. Acá estoy hablando con Cristina y dice que se suma y que Fernando también se quiere involucrar.

 —No sé, Carmen, ¿y si lo hacemos mejor el fin de semana? No tiene que ser ahora.

 —Bueno, démosle, pues. Voy a empezar a convocar y hacer una lista de materiales para preparar carteles y pancartas.

La protesta quedó registrada por un periódico digital, pues fue una protesta espontánea convocada en cuestión de horas por medio de redes sociales y sirvió como punto de partida para otras manifestaciones cívicas en contra del infame Decreto 743, el cual se revirtió ante el gran descontento de la ciudadanía con toda la clase política que aprobó dicha reforma.

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