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El efecto Pigmalión y los maestros...

En la literatura contemporánea el efecto Pigmalión es considerado como una herramienta resiliente a través de la cual maestros, psicólogos y psicoanalistas, considerando sus creencias, capacidades y confianza en sí mismos pueden ayudar a otras personas a salir adelante...
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El efecto Pigmalión tiene sus orígenes en la mitología griega, en donde el escultor Pigmalión se enamora de una de sus esculturas: Galatea, tratándola como si fuera una persona real o como si estuviera viva. El mito se desarrolla cuando la escultura cobra vida después de un sueño de Pigmalión –gracias a Afrodita– al ver el amor que este sentía por la estatua, la cual representaba a la mujer de sus sueños. (Ver también la obra de teatro Pigmalión de George Bernard Shaw, o en paralelo a Carlo Collodi y Las aventuras de Pinocchio).

No debemos confundir el efecto Pigmalión con las pseudo-teorías mágicas de las “Leyes de Atracción”; en donde nos explican que el pensamiento como unidad energética influye en conseguir cosas o deseos aparentemente imposibles.

Aquí nos referimos a la “Motivación” y a la capacidad pedagógica de los maestros que puede ser verdaderamente “inspiradora”; en efecto, si un maestro (a) estimula –o desestimula– a un estudiante hay efectos reales (aplica para los padres y madres). Si a un chico le dices que no es bueno para matemáticas se lo va a terminar creyendo y jamás será bueno, si por el contario –aunque le cueste– le dices que sí podrá salir adelante, que tiene capacidad, potencial, y además se le ayuda y apoya, seguramente será bueno.

La capacidad de persuasión de un maestro (a) es mágica. Sabemos que hay muchos docentes que inician su clase diciendo: “Aquí sacar un 10 es cosa de genios... o solo un 30 % de ustedes pasará mi materia...”; pues lamentablemente, este espécimen no es maestro (a)... Un buen docente estimula a todos a salir adelante, y ayuda más a los que tienen debilidades. No olvidemos las conclusiones del informe McKinsey “Cómo hicieron los mejores sistemas educativos del mundo para lograr sus resultados” (2010): El techo de la calidad educativa es el maestro... la única forma de mejorar es mejorar cómo los docentes enseñan... en un buen sistema educativo “todos” los niños logran buenos resultados... toda escuela debe ser dirigida por un gran líder.

Muchos de nuestros estudiantes de escuelas públicas, de comunidades excluidas, pobres y marginales necesitan un maestro (a) Pigmalión, que crea en ellos, que valorice la educación y el deseo de superarse, que les dé consejo y les ayude a aprender. Muchos de estos niños (as) provienen de hogares disfuncionales o difíciles, en dónde no se les dedica tiempo, no juegan, no dialogan y no tienen referentes en quién creer.

En estas comunidades y escuelas difíciles el maestro (a) debe ser un gran inspirador; su ética, profesionalismo y empatía pedagógica será lo mejor que verán los niños en muchos años. Pronto se desarrollará un estudio sobre “clima escolar y resiliencia” y mediremos cuánto admiran los estudiantes a sus maestros; ¡¡¡ojalá que sea mucho!!!

Pero para inspirar desde la perspectiva pedagógica y para ser referentes de los estudiantes debemos tener principios y estar dispuestos a luchar contra los antivalores del sistema consumista; los niños creen que ser feliz y exitoso es tener la capacidad de comprar o hacer dinero; debemos, además, situarnos profesionalmente y competir con las tecnologías, ubicando en su debido lugar a internet, Google, YouTube, como herramientas y no como fin.

Ser un maestro (a) Pigmalión es una tarea compleja y no bien pagada ni valorada; aunque sí muy necesaria para no naufragar en las encrespadas aguas de la globalidad y de la violencia que vivimos...

Tags:

  • pigmalion
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