El egoísmo, impedimento de crecimiento (II)

La esperanza de vida al nacer se aproxima a los 70 años. El Salmo 90.10 de la Sagrada biblia dice: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos”. Significa que estoy estadísticamente amenazado y mi poder superior ha querido que viva lo suficiente para momentos felices y útiles, a tal grado que ya no me importen los años cumplidos, sino cuántos días me quedan, y eso solo Dios lo sabe. Estoy seguro que el Ser Supremo desea que los momentos que me faltan por vivir los utilice en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.
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El cumplimiento de esos propósitos me obliga a ser parte de la solución de este país y no parte del problema. En otras palabras, con una actitud desposeída de toda clase de egoísmo, por considerar que este defecto de carácter es el principal impedimento para no actuar en función de los intereses colectivos; por el contrario en procura de los intereses personales. Parodiando a Ortega y Gasset, yo, mi soberbia y las circunstancias. La palabra soberbia es un agregado propio en vista que esa es una característica que distorsiona el proceder personal en todos los quehaceres en los cuales el individuo se desempeña.

“Sentimiento de superioridad y/o de sobrevaloración de uno mismo por encima de los demás que lleva a presumir de las cualidades o de las ideas propias y menospreciar las ajenas. El ‘yo’ o el ego sobre todo, sin dignidad y sin aceptar errores”.

Este país afronta serias amenazas para que su sistema productivo sea viable, su institucionalidad opere eficazmente y se garantice la seguridad individual. Efectivamente, el sistema económico como un todo es incapaz de generar suficientes oportunidades de empleo formal y/o decente a la población económicamente activa. He expuesto en reiteradas ocasiones las causas de la falta de la operatividad institucional, de la violencia y la inseguridad prevaleciente en el país; anomalías todas que impulsan la migración.

En esta ocasión prefiero ser repetitivo e insistir en el comportamiento o actitudes individuales de la mayoría de aquellos tomadores de decisiones, sean empresarios o políticos influyentes efectivamente; porque son estos los que a la postre se han equivocado, deciden el presente e incidirán en la viabilidad o desastre del país. El resto, la gran mayoría, somos simplemente receptores, contribuyentes y apáticos incultos; accidentalmente con derecho al sufragio.

Deseo insistir en ese único aspecto, plenamente convencido de que la referencia sistemática a instituciones o gobierno(s) es arar en terreno estéril, puesto que la institucionalidad es secundaria si lo que verdaderamente decide el destino de la inmensa mayoría es el capricho o antojo de contadas personas. Es una tiranía de las minorías, quienes tienen una influencia desproporcionada por razones comerciales ocultas en una fachada que puede ser política o ideológica.

El interés colectivo es difuso, manejable, sin recursos y sin liderazgo. El interés privado tiene por el contrario una visión clara y está bien financiado. Es por ello que en los países en los cuales estos intereses de alguna manera coinciden, existen más probabilidades de que el país, como un todo, progrese. Por eso el egoísmo o soberbia de un porcentaje mínimo de la población de este país se vuelve impedimento y el pregonado objetivo de democracia resulta irrelevante en una sociedad con escasa educación y subcultura impresionante. Aspectos últimos medulares en el subdesarrollo del país. “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”. Oseas 4:6.

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