El epicentro

En las últimas semanas, mucho se ha hablado de “medidas extraordinarias” para controlar –y reducir– la violencia que vive el país. Por supuesto que todos estamos claros que es un momento difícil y que es urgente comenzar a tomar acción.
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Hace varios meses yo escribía sobre eso, y decía, sobre todo, que cualquier cosa que comenzáramos a hacer iba a tener resultados en un mediano o largo plazo. Y que, sin embargo, lo que más me angustiaba como ciudadana es que ni siquiera hubiéramos empezado.

Ahora vemos acciones. Yo las veo de lejos y con desconfianza. Con un poco de esperanza y con un poco de temor. También las veo indignada.

De repente ves un listado de cosas y pareciera tan obvio qué es lo que tendrían que haber hecho hace muchos años. Vamos, no hablo solo de este gobierno, para quienes crean que lo veo como algo político, se debió hacer en los 20 años de ARENA y en los casi siete que lleva el del FMLN. Pero nadie las hizo. Elucubrar las razones de por qué no se hicieron requiere más que otra columna, un ensayo. Pero honestamente sí indigna.

Nos cuentan que trasladaron a 299 reos que habían ordenado homicidios desde diferentes centros penales. Nos cuentan que han habilitado en el penal de Quezaltepeque una zona especial, incomunicada, sin conexiones eléctricas y –claro– sin acceso a internet.

Salen de sus centros penales con poquísima ropa, con lo que es fácil inferir que no han tenido tiempo de llevarse los teléfonos móviles que con frecuencia encuentran en sus celdas.

Y pues, nos lo presentan como el gran acontecimiento. Y yo en lo único que puedo pensar es en que ¿no es acaso obvio qué es lo que hay que hacer? ¿No es obvio pensar que no tienen que tener conexiones eléctricas, que no tienen que tener celulares, que no tienen que tener cables para cargarlos, ni internet inalámbrico en el cual conectarse? ¿No es acaso obvio que su conexión debería estar bloqueada en un centro penal?

Claro, yo entiendo que casi todos los penales están rodeados de centros urbanos grandísimos y muy poblados. Esta semana encontraron en uno de los penales 33 señales de wi-fi (internet inalámbrico) a las que podrían conectarse. Es escandaloso, pero un poco menos cuando pensamos que alrededor lo que hay son casas, y que mucha gente ya paga por internet. Ahora, otro tema es que ellos tengan acceso a estas conexiones, que tengan la clave o sean señales abiertas.

Entonces la responsabilidad para controlar esto está en las autoridades. Es tan simple como cuestionar. ¿Cómo es que tienen celulares adentro?

Y volvemos a lo mismo, las medidas son tan obvias y nunca nadie las tomó antes: Incomunicarlos (en cuanto a tecnología se refiere), controlar sus visitas, lo que se comunica en esas visitas, controlar el entorno del penal, cómo se mueve la gente allí.

Desde siempre hemos sabido que uno de los grandes epicentros desde donde se ordenan delitos son los centros penales. Allí hay un enorme trabajo para hacer. Sin embargo, no solo basta eso, faltarán decenas de medidas más para frenar el problema.

No sé si las autoridades estén listas para lo que venga, no sé cómo se comportarán las pandillas ni qué reacción tendrán. Pero lo cierto es que si vamos a comenzar a tomar el toro por los cuernos, debemos tener todos los flancos asegurados. Aquí es el epicentro, pero faltan las comunidades, el trabajo con los jóvenes, la reinserción, las oportunidades, la migración. Ojalá y esto sea el primer paso de una tarea que dejamos pendientes por demasiadas décadas.

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