El error neoliberal

Mauricio Funes ganó la elección presidencial en la proclamación misma de su candidatura, cuando decidió ponerse una camisa blanca, en señal de independencia del radicalismo del partido rojo que lo postulaba, y lanzó un mensaje consecuente con aquella decisión: sus referentes serían dos políticos moderados: Obama y Lula; por lo tanto no estaba interesado en duplicar aquí el modelo chavista, pero sí en ampliar y profundizar la agenda social subsidiaria iniciada en la gestión de Tony Saca.
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<p>[email protected]</p><p> Norman Quijano ha operado a la inversa. Habiéndose mantenido como alcalde a prudente distancia de los fundamentalismos ideológicos y hasta de los símbolos y colores de su partido, logró que sus números fueran mejores que los de ARENA. Pero una vez nominado candidato presidencial se pone el chaleco tricolor, adopta la beligerancia del discurso polarizante que promete convertir al país en una tumba para los rojos, y pone en cuestión los factores más emblemáticos de los programas sociales.</p><p>El problema es que fue la centralidad de esa agenda social, en la propuesta de campaña y en la administración del expresidente Tony Saca, lo que le agenció a este una victoria arrolladora y una popularidad que aún conserva. El problema es que se trata de los programas sociales que la población considera lo mejor del gobierno actual, y que tan buenos números de aceptación popular le reditúan al presidente Mauricio Funes. Pero para la mentalidad neoliberal eso no es inversión social sino gasto inútil, simple despilfarro de los recursos.</p><p>El fundamento del neoliberalismo privatizador es el desprecio al compromiso subsidiario del Estado para con los sectores más desprotegidos. Ese capitalismo salvaje, como lo llamó Juan Pablo II, se basa en la creencia de que el exclusivo asignador de los recursos debe ser el mercado. En la cresta de la ola neoliberal, Ronald Reagan dictaminó: “El Estado no resuelve los problemas, solo los subsidia”. Abajo pues los subsidios y que solo sobreviva el más apto (el más fuerte, o el más rico).</p><p>Se trata a todas luces de un darwinismo social inaceptable, apenas matizado por una ilusión jamás verificada en la realidad: la acumulación de mayores niveles de riqueza, por parte del sector privado, terminará por favorecer también a los más pobres por un simple efecto de rebalse, se decía.</p><p>Pero la herencia del neoliberalismo es que los ricos son más ricos y los pobres son más pobres.</p><p>A eso se refería el padre Tojeira cuando el sábado pasado escribió en este mismo periódico lo siguiente: “A ARENA es preciso insistirle en temas de preocupación auténtica por los pobres. El discurso de crear riqueza para después repartir, ni es históricamente cierto ni puede confiarse en él en el presente”.</p><p>Habría que agregar, para que lo oiga Norman Quijano, que para superar una propuesta política basada en la agenda social, no basta en poner a elegir a los niños entre un vaso de leche y una computadora. Un Estado socialmente responsable debiera orientar sus mayores esfuerzos a suministrar ambas cosas, que son complementarias. El rechazo a los programas sociales no es cosa de una frase desafortunada, inoportuna o malinterpretada. Es el centro de la convicción neoliberal que sustenta el partido ARENA.</p><p>Alguien podría decirme que, a pesar de todo lo que he dicho, Norman Quijano está punteando en todas las encuestas. Eso a mi juicio tiene una explicación sencilla que las mismas encuestas ofrecen: hasta ahora Norman está prácticamente solo en la competencia, pues su único adversario, el candidato del FMLN, casi ni existe en términos estadísticos. Lo que hay que tomar en cuenta es que precisamente las condiciones mencionadas perfilan la viabilidad una alternativa sensata ante las dos extremas.</p><p>&nbsp;</p>

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