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El esclarecimiento total del caso Carla Ayala debe ser aleccionador en todo sentido

Lo peor que le puede pasar al sistema es que la impunidad se mantenga como factor determinante del proceder nacional en cualquier sentido que sea, y para evitarlo es indispensable que la transparencia se imponga y que la legalidad sea eficiente y confiable.
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Por fin se está esclareciendo cómo fue la muerte violenta de la agente Carla Ayala, ocurrida luego de la celebración de fin de año que llevó a cabo el Grupo de Reacción Policial, estructura que existía dentro de dicha institución y que fue eliminada por efecto de dicho crimen en el que están involucrados diversos miembros de dicho Grupo. Después de varios meses, las investigaciones están empezando a producir frutos, a raíz de múltiples presiones provenientes principalmente desde la sociedad civil, que viene reclamando el esclarecimiento del caso para que la impunidad no vuelva a anidar en las entrañas de la misma Policía, que es uno de los entes directamente encargados de la persecución de todos los actos criminales.

Como se viene señalando con insistencia, es preciso asegurar la limpieza en todos los entes institucionales, porque de no ser así, lo que se produce es una contaminación invasiva que al final de cuentas va minando todas las estructuras del aparato público. Lo peor que le puede pasar al sistema es que la impunidad se mantenga como factor determinante del proceder nacional en cualquier sentido que sea, y para evitarlo es indispensable que la transparencia se imponga y que la legalidad sea eficiente y confiable. Y por supuesto es en el seno de las instituciones donde se debe dar el ejemplo más claro en esa línea.

El caso del asesinato de la agente Carla Ayala estuvo flotando durante bastante tiempo, sin que las investigaciones produjeran resultados visibles. Eso generó crecientes dudas sobre la sinceridad de dichas investigaciones, con los daños a la imagen policial y fiscal que eran previsibles. Y lo más grave es que la situación se vino a dar en un momento crítico de la lucha contra la criminalidad imperante, que tiene a la ciudadanía agobiada y a la institucionalidad contra las cuerdas. Es por eso que el esclarecimiento pleno de este caso tan macabro debe producirse sin dejar ninguna duda de que los culpables reciben el castigo legal que les corresponde y de que la experiencia se asume como una lección institucional definitiva.

Lo que va quedando a la vista es que se necesita realizar con urgencia una verdadera depuración institucional, sin contemplaciones ni disimulos. Y esto, que hoy se da dentro de la Policía, tendría que extenderse a todas las otras instituciones, de la índole que fueren, para asegurar la salud efectiva del aparato estatal en su conjunto.

Uno de los puntos esenciales consiste en ponerle especialísima atención al perfil personal de todos aquellos elementos que van a ocupar posiciones y puestos dentro de dicho aparato. Hoy se está sabiendo que el presunto asesino de Carla era un hombre psíquicamente perturbado, con características anímicas que anticipaban el cometimiento de acciones criminales como la aludida. Y entonces se hace imperativo que no sólo se les dé seguimiento a las conductas sino que se prevengan éstas cuando los signos personales así lo demanden. Es una tarea permanente de gran magnitud, que debe asumirse para evitar males mayores.

Confiamos en que esta investigación llegue al fondo de los hechos y haga que todos los responsables reciban su merecido. Y, sobre todo, que se refuerce el compromiso real de que la institucionalidad cumple de veras con su función.

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