El “estigma” del embarazo inesperado

Un embarazo inesperado como una historia de amor inesperada puede ser el cambio más grande y más bello que pueden tener las personas. Una mujer embarazada tiene un cambio tremendo en todo su “genio” femenino con todas sus potencias y capacidades: físicas, mentales y espirituales.
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Desde antes que se legalizara el aborto en ciertos países, ya empezaba una reacción de un “estigma” al embarazo. A la mujer se le “objetizó” y al ser humano no nacido se le descartó. Tenemos que lograr quitar de nuestras mentes la “telaraña”, el miedo, el trauma (dolor) y deformación de nuestro “prisma” mal formado en nuestros cerebros, ya sea por nuestra educación o nuestra sociedad. El gran “trastorno” del embarazo inesperado. A diferencia del amor conyugal, que se puede limar con nuestras malas acciones, pero se puede reconstruir con nuestras buenas acciones; el aborto involucra la muerte de un ser inocente: un fin en esta vida –terminar con una vida.

El ser humano no nacido, ya de por sí, tiene un cuerpo aparte del de su madre, con diferentes células, diferente corazón, diferentes órganos, diferente sangre. El aborto deja una profunda cicatriz que no se olvida, deja serias consecuencias en la persona que lo hace. No es una “medicina saludable”, sino que en general un acto de desesperanza que le ocasiona un fracaso mental, espiritual y como futura madre si piensa tener más hijos.

Como me dijo un amigo hace poco: “Lo que se debe hacer en nuestra sociedad [y en el mundo entero] es quitar el estigma de que un embarazo es algo malo”. Ya sea que estés casada o no casada, estar embarazada no es estar “enferma”, no es tener un “problema”. Antes que nada, se trata de elevar la “dignidad” de un embarazo inesperado, querido o no querido: es quitar el estigma de que un embarazo es un fracaso.

El movimiento pro-vida a veces no es muy convincente, aunque tiene toda la lógica del mundo. Es porque somos indiferentes al amor y al cariño que se le debe a una mujer en todas las etapas de la vida en nuestra sociedad. A la mujer se le debe dar cariño y educación cuando niñas, adolescentes, estudiantes, profesionales. Una mujer puede sufrir maltrato por su novio, esposo, sufrir una violación sexual, y sufrir machismo. La presión social, sin duda alguna, aunque no es un absoluto y la razón de todo, puede quitar la “ilusión” de una vida nueva en el vientre de la madre.

Opciones hay muchas. Hay en el país buenos orfanatos de la Iglesia católica y de laicos, pero el problema es que no “damos una mano”. Ciudad Mujer es un ejemplo de cómo el gobierno sí puede aportar buenas ideas y soluciones hacia la salud mental e integral de la mujer. Se invierte muy poco en la sociedad por políticos, gremiales, ONG, y empresa privada, políticos y gremiales en la mujer, cuando ellas “educan un pueblo”.

Hay que brindarles soluciones que den luz, vida y esperanza en un episodio difícil, que es solo un “bache” en su vida pero que no debe marcarla con cicatrices permanentes, al contrario, puede salir de ello victoriosa. Toda mujer salvadoreña debería de dar un gran testimonio de la verdad y de la caridad que como ciudadanos responsables le hemos brindado. No debemos llevarlas como a un “matadero”, lleno de tinieblas que solo dejan un gran vacío interior. Hay que ofrecer seguridad: en lo personal, en lo psíquico, económico y educativo para que la madre embarazada y el ser humano que espera tengan lo que necesitan. No los abandonemos.

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