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El factor Melquisedec

Tanto la revelación específica representada por Abram, como la revelación general representada por Melquisedec, proceden de Dios. Ambas deben reconocerse y potenciarse.
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Sociólogo y Prof. en TeologíaUna conclusión a la que llega el rey Salomón es que Dios puso el pensamiento de la eternidad en el corazón de todos los seres humanos. Esto quiere decir que Dios se reveló de manera general en todos los pueblos, para que todos los hombres, sin excepción, pudieran conocerle. Lo anterior se constata cuando examinamos las creencias de los pueblos no evangelizados los cuales, sin previa revelación, tenían conocimientos generales de Dios y la Biblia.

Esto se confirma en la historia de Abram quien vivía en la ciudad de Ur, fundada 4,000 años a. C. en la región de Sumer. Abram tenía 75 años en el momento en que Dios le llama. La arqueología confirma que para ese entonces, Ur tenía ya unos dos mil años y contaba con gran desarrollo económico y cultural.

Dios dice a Abram: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. La promesa continúa: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra (Ge. 12.1-3). Cuando Dios afirma, “todas las familias de la tierra”, se refiere a todos los hombres, aun a los no descendientes de Abram. Es por ello que Dios cambia el nombre de Abram por Abraham, que significa “Padre de naciones”. Así, todas las familias de la tierra podrían ser beneficiarias del conocimiento, sabiduría, amor y poder de Yahvé.

Lo interesante de esta historia es que al llegar Abram al territorio de Canaán, encuentra la ciudad de Salem, situada sobre el territorio que más tarde sería Jerusalén, y cuyo nombre en cananeo significa paz (de ahí el saludo hebreo shalom y su equivalente árabe salaam); ahí encuentra al rey Melquisedec, que significa Rey de Justicia. ¿Es posible que en medio de pueblos cananeos idólatras, que realizaban sacrificios de niños y practicaban la prostitución sagrada, existiera una ciudad de Paz, gobernada por un Rey de Justicia?

Al llegar Abram a Salem, Melquisedec lo recibe con pan y vino, y lo bendice: “Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano” (Ge. 14.18-20). Abram responde a la altura de su recibimiento, pues reconociendo su autoridad espiritual, le entrega parte de lo recuperado en la batalla recién librada.

Todo esto confirma que tanto la revelación específica representada por Abram, como la revelación general representada por Melquisedec, proceden de Dios. Ambas deben reconocerse y potenciarse. Solo de esta forma podremos enfocarnos en nuestro verdadero enemigo, quien está representado en esta historia por el rey de Sodoma, y a quien posteriormente Abram enfrenta curiosamente utilizando el nombre de Dios en cananeo “El Elyon”, en lugar de “Yahvé”, tal como Abram conocía a Dios.

Esta visión conciliadora de ambas revelaciones implica que, sin renunciar a los principios bíblicos fundamentales, debemos retomar una actitud de humildad e intentar reconocer a Dios en el otro, liberándonos así de la falsa creencia que lo mío es lo único válido.

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