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El factor crisis

El desbarajuste global hace más difícil la situación en países tan frágiles como El Salvador, donde el desequilibrio fiscal, el desempleo juvenil, la descomposición social y la vulnerabilidad ambiental pueden llevarlo a tocar fondo.

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Rafael Ernesto Góchez - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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La arquitectura institucional alcanza distintas dimensiones, las cuales van desde la unidad primaria de la sociedad (la familia), pasando por la comunidad, el municipio y la nación, hasta llegar al nivel regional e internacional. El asunto es que los problemas más grandes del mundo (pobreza, corrupción, populismo, epidemias, conflictos bélicos, inundaciones catastróficas y otros) acarrean múltiples consecuencias y afectan desigualmente a los países del mundo.

El desbarajuste global hace más difícil la situación en países tan frágiles como El Salvador, donde el desequilibrio fiscal, el desempleo juvenil, la descomposición social y la vulnerabilidad ambiental pueden llevarlo a tocar fondo. Ese riesgo aumentará en la medida que no se trate el factor crisis con responsabilidad y las causas de la migración masiva sigan sin abordarse con efectividad.

El factor crisis caracteriza la vida nacional. No hemos salido de una crisis, cuando ya hemos caído en otra adversidad. Los golpes de Estado (1931-1979) y los fraudes electores contribuyeron al surgimiento de grupos guerrilleros; las secuelas del terremoto de 1986 aún condicionan la recuperación del centro capitalino; los efectos de la guerra civil 1980-1992 siguen presentes en lo político-institucional; el éxodo –producido desde 1980 a la fecha– se traduce en desarraigo, fuga de talentos y desintegración familiar; los daños de los terremotos de 2001 persisten en parte de la infraestructura social; las pérdidas económicas provocadas por inundaciones y sequías son cada vez más significativas desde 1998; el uso de la fuerza bruta como modus vivendi (violencia delincuencial) se ha extendido territorialmente en el siglo XXI; la pandemia de covid-19 ha afectado el nivel macro y micro desde 2020.

De la crisis múltiple que se vive a escala planetaria (inflación, conflicto ruso-ucraniano, cambio climático, delincuencia organizada transnacional, atascamiento en cadenas de suministro y más) es probable que surja una nueva edificación geopolítica y económica. El reposicionamiento de Occidente tiene grandes perspectivas y desafíos, entre los cuales está el de aminorar los efectos destructores de los fenómenos naturales exacerbados por el calentamiento global.

Así las cosas, la clave está en atender la emergencia sin descuidar lo importante. Habría, entonces, que reconocer que las ramificaciones y consecuencias de la crisis múltiple trascienden hacia todos los sectores y pueden socavar la relativa estabilidad del país. Este escenario sugiere que se agudizarán las causas y los efectos de la migración masiva, y pone sobre la mesa la disyuntiva de (1) administrar la crisis y continuar exportando mano de obra y recibiendo remesas, o (2) gestionar la crisis y sentar las bases para que el desarrollo de El Salvador sea inclusivo y sostenible.

En síntesis, el factor crisis condiciona la vida de los salvadoreños y el fenómeno migratorio demanda un abordaje de desarrollo y una efectiva coordinación entre EUA, México y Centroamérica. ¿Es factible? Esa es la pregunta del millón de dólares. La CEPAL presentó el Plan de Desarrollo Integral para El Salvador, Guatemala, Honduras y el sureste de México, y no tuvo el respaldo requerido.

Reflexión: el gran reto de El Salvador es romper el círculo vicioso de vivir permanentemente en crisis. ¿Cómo lograrlo? Implementando cuatro medidas estratégicas: (1) institucionalizar la gestión del riesgo, (2) mitigar y adaptarse al cambio climático, (3) elevar el índice de desarrollo humano en los 12 departamentos que son expulsores de población, (4) mejorar la relación socio-estatal, fomentando la acción conjunta entre actores con opiniones contrarias para solucionar problemas específicos.

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Tags:

  • crisis
  • El Salvador
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