El fanatismo nos corroe

¿Será el fanatismo el origen de nuestros males? Asumimos que vivimos en un mundo con la moral extraviada, con inversión casi total de valores o con una evidente carencia de los mismos. Pero, ¿es el fanatismo la causa?
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¿Cómo funciona el fanatismo? El fanatismo a ultranza es lo que nos hace pensar que solo lo mío es bueno, cierto, beneficioso, salvífico y protector. Se nos infunde desde la infancia en los aspectos más inocentes: tengo a mis hijos en el mejor kínder, voy al mejor colegio, etcétera; así es comprensible que los alumnos de una institución generen superioridades y odios y luego se líen a golpes o puñaladas contra los de otra; que se luche por un “territorio” o barrio con un “jefe de clica mejor y más cruel” que el otro, etcétera.

Se nos ha infundido de manera subliminal el pensamiento de que lo que yo hago y pienso es lo único bueno y que es mi obligación hacer que los demás actúen y piensen y sientan como lo hago yo, único poseedor de la verdad; y así surgen el fanatismo y las rivalidades de orden religioso, cuando creo que mi religión o iglesia es mejor; mi ministro de culto o mi imán es el mejor; que el dios que me presentan es el único y verdadero dios (con minúsculas), como si la forma de nominarlo fuese la que le brinda la categoría divina.

Dios ES, le llamemos como Alá, Jehovah, Dios, Buda, Cristo, Elohim, Quetzalcoatl o Gran Arquitecto del Universo y la denominación no le cambia ni altera su esencia pura y divina.

Un simple ejemplo: al presidente de la República se le denomina señor presidente, comandante general de la Fuerza Armada, jefe de Estado, jefe del Órgano Ejecutivo o primer mandatario y todas esas denominaciones se refieren a la misma persona y no por ello una denominación es más significativa o mejor que otra. Pero por el fanatismo religioso y en nombre de Dios, se mata, se subyuga, se deshumaniza a la sociedad.

Los abominables crímenes recientemente cometidos por fundamentalistas religiosos con un fanatismo intolerante no son diferentes a las persecuciones y matanzas por luchas religiosas que se sufrieron en siglos anteriores.

Puede ser que el cambio social necesario se genere haciendo cambios de paradigmas que sean las bases para desterrar nuestros pensamientos fanáticos en todos los campos.

Comencemos a educar a nuestros hijos sin clichés mentales que les hagan sentir superiores al resto; por el contrario, generémosles la idea de que todos somos iguales dentro de las diferencias de forma; que todos los seres humanos valemos igual por tener un origen común al cual se pretende regresar por medio de la práctica de ritos o creencias religiosas que nos lleven a una vida mejor después de la muerte, por la vía que cada quien elija.

Es tarea de los órganos del Estado generar el clima de paz que nos permita hacer los cambios de paradigmas propuestos.

Tags:

  • dios
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