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El feo rostro del hambre

Un pueblo que vive una tragedia necesita un líder que transmita calma y esperanza, conciliador, que llame a la unidad, no a la división.

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Rafael Castellanos

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El desastre del fallido intento de pasar el subsidio de $300 a los más necesitados desnudó ante el ojo público lo que enfrentan con la cuarentena los que no tienen para comer cada día si no trabajan, las escenas de desesperación y los testimonios en videos capturados por medios y ciudadanos con sus celulares desnudan la dura realidad, más de 2.5 millones de salvadoreños, si no trabajan, no comen, los informales que al estar acuarentenados están desempleados.

El gobierno es el responsable de las políticas públicas, de una emergencia más aún, le corresponde resolver, no culpar a los gobiernos anteriores, a la mala educación de los salvadoreños, ni a supuesto boicot del Frente, es la labor que les corresponde y en este gobierno en que el presidente toma todas las decisiones, cae sobre sus hombros la responsabilidad, enfrentar el feo rostro del hambre.

La cuarentena es una buena medida, pero debe ir acompañada de un programa eficiente de subsidios a esa masa inmensa. El traslado de subsidios según el Banco Mundial debe ser en efectivo y bien focalizado, para ello resaltan "se debe tener una burocracia bien organizada, robusta y eficaz" lo que obviamente no es nuestro caso. Una crisis de esta magnitud no puede ser bien manejada por un gobierno en que el presidente centraliza todas las decisiones, no es un tema de buena o mala voluntad, es de realidad absoluta, solo no puede.

En el pasado en casos de calamidad, hemos tenido liderazgos de ARENA y el FMLN, que han llamado a la unidad y se han rodeado de lo mejor que han podido para resolver, convocaron al sector privado organizado, a los sindicatos, a tanques de pensamiento, a la academia, a ciudadanos notables y otros y los incorporaron al pensamiento crítico central, su aporte y consejo enriqueció el análisis y al final las decisiones siempre las tomó el gobierno.

De igual manera, llamaron e incorporaron a quienes están más cerca de los ciudadanos, las alcaldías de todos los colores políticos. Llamaron a todo el que pudiera contribuir a solucionar, sin pensar mucho en réditos políticos.

Es difícil comprender los motivos del presidente para aislarse, no aceptar ayuda aunque se la ofrezcan y en lugar de tener el discurso conciliador y de llamados a la unidad de los grandes líderes, se dedica a sembrar odio, a echar culpa a todo el que se le ocurra y a mantener en su peculiar forma de comunicación, por las redes sociales, un ambiente de incertidumbre y miedo, de confrontación permanente contra enemigos imaginarios.

Un pueblo bajo el asedio de una tragedia necesita un líder que transmita calma y esperanza, conciliador, que llame a la unidad, no a la división.

Observando su conducta, su personalidad y carácter, quizá es mucho pedir que se comporte de esa manera, sueños de opio como decía el filósofo. No ayuda que esté rodeado de gente que lo adula y dice que sí a todo sin pispilear, de un segundo círculo llamado el comité de aplausos, que inunda las redes sociales de elogios y dado el caso de los fracasos, de excusas y de historias inventadas para explicar lo inexplicable.

Existe una Asamblea con votos de sobra para poner paro a desatinos, a violaciones a la Constitución, pero no necesitó de elecciones para tener los votos, por conveniencia o por miedo, ARENA le ha dado lo que ha querido.

¿Hay esperanza?

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