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El festín de la moralidad

<p>Nuestra pobre y maltratada Constitución distingue entre las exigencias de los diputados para acceder al cargo y las que se plantean a los magistrados de la Corte Suprema o al presidente del Ejecutivo. A estos últimos se le exige moralidad notoria; a los diputados solo honradez notoria. En el lenguaje común honradez hace referencia al uso de los dineros. El diccionario habla más de rectitud en el obrar en general. Pero en fin, talvez los diputados se sienten en inferioridad moralista y han iniciado un festejo moral. La moralidad manda ahora en la Asamblea Legislativa.</p>
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<p>Pero por supuesto la fiesta se hace con la moralidad ajena. La acusación de agresión psicológica verbal de un magistrado a su esposa, resuelta yendo juntos al psicólogo, está claro que es mucho peor que pegarle un tiro a una mujer policía. Por eso la Asamblea, siempre partidaria de la honradez notoria, ha encargado al diputado Merino que presida la investigación del magistrado. Seguro que pedirá la asesoría de Dagoberto Marroquín, otro diputado de su mismo partido que hace no muchos años decía que la mujer no servía para la política. Pero bueno, ese tipo de afirmación no tiene nada que ver con la honradez notoria. Solo con la notoria instrucción, otro requisito constitucional, del diputado en mención.</p><p>En la comisión de ética de la Asamblea puede estar el que cambió las declaraciones de los que asesinaron a los seis jesuitas y sus dos colaboradoras. Al fin y al cabo cambiar unas cuantas letras en un papel no tiene mayor importancia. Algo parecido tiene don Ovidio pendiente en la Fiscalía, pero no hay problema. Todos sabemos, como aseguró un diputado de GANA, que en la Fiscalía se inventan casos. ¿Se lo diría el Lic Gallegos, jefe de fracción de su partido, que trabajó un tiempo en la Fiscalía? Y es que los inventos fiscales abundan. Al pobre diputado que fue baleado por un civil a pesar de los dos chaneques que le protegían, también le han inventado una acusación en la Fiscalía de haber herido a un individuo. Todo hace suponer, según la instrucción notoria de los diputados de GANA, que el civil que supuestamente disparó contra el diputado inventó esa acusación mientras llegaba corriendo y herido a una posta de la PNC. ¿Se habrá herido a sí mismo con el arma para poder contribuir con la Fiscalía al invento de un nuevo caso?</p><p> Como los temas que nos ocupan son más importantes, nos estamos perdiendo la defensa del diputado Samayoa, un ejemplo de honradez notoria, que fue golpeado previamente por su esposa, y tenía pruebas de que el carro de su esposa andaba en lugares sospechosos. Una defensa sumamente honrada y característica del sufrido y débil macho salvadoreño. Al final, pobrecito, todo fue en defensa propia. Pero será difícil que alguien le salve. Porque la dolarización que, cual varita mágica, convirtió la grave agresión de Merino en delito menos grave (¿otro invento de la Fiscalía?) ya pasó hace tiempo. Se equivocó de época el diputado Samayoa. Hoy el balea policías votará contra su colega boxeador. Siempre hay clases.</p><p> Cuando pasen estos aciagos días, y cuando al fin sea nombrado don Ovidio presidente del sindicato de trabajadores del Órgano Judicial (o del sindicato de trabajadores cerrajeros), podríamos designar julio como el mes de la honradez notoria. Don Ovidio estaría feliz con un nombramiento de presidente, pues ya dijo el primero de julio que se sentía “presidente de El Salvador”, y nosotros encantados celebrando el festín de la moralidad notoria.</p>

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