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El fin no justifica los medios, pero el fin es importante

La apología “el fin justifica los medios” ha sido una alegoría para reflexionar sobre la pertinencia de tomar decisiones; se le atribuye a Maquiavelo, escrita en su libro “El príncipe” donde con sentido positivo se emplea como frase célebre para persuadir.
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Con la idea de alcanzar un bien común superior, sería válido que el gobernante tome ciertas decisiones. El razonamiento se decanta en que “cualquier medio, puede ser justificado por un fin lo suficientemente importante”, o los medios y los fines no están desconectados, ya que “los medios empleados se determinan por los fines a obtener”. Sin embargo, al aplicarlo a las finanzas públicas, se devela que “no”, el fin no justifica los medios, advierte la necesidad de un fin, que ningún medio puede sustituir.

El fin es importante, porque implica propósito. Para que muchos temas sociales tengan sentido, los ciudadanos deben observar la razón de ser de determinadas cosas, como formar parte de un proyecto o solucionar algún problema particular de la comunidad. Sin embargo, mucho de los problemas presentes, y el desconcierto social, resulta de confundir medios con fines, o utilizar medios equivocados, incluso en contra del mismo fin.

Un sendero para reforzar el tema está en el libro “Poor economics a radical rethinking of the way to fight global poverty” (1), donde los autores reflexionan sobre la falta de evaluación de impacto de las decisiones. Ante la pregunta ¿cómo se puede curar la malaria?, los autores destacan que lo importante no es tanto, si se resuelve subsidiando mosquiteros, o dando mosquiteros gratis, sino que los gobiernos sepan si uno u otro camino realmente funciona, para continuar o cambiar.

El proceso de endeudamiento del sector público es otro ejemplo. Para los gobernantes, sería importante tener mayor gasto público. Para conseguir ese fin, pero que en realidad es más un medio, es posible que decida poner más impuestos. Al percatarse de que la recaudación adicional en impuestos no le fue suficiente para sus pretensiones, entonces decide incrementar la deuda con nuevos préstamos. La cuestión es que después de pagar más impuestos, y más préstamos, los ciudadanos no perciben que aquellas medidas impactaron realmente en un fin “su calidad de vida”.

En este sentido, aunque hay detractores que hacen hincapié que es una política inconveniente, aduciendo que se cortarán gastos, al analizar la gravedad de las consecuencias que los problemas de las finanzas públicas pueden ocasionar al país, el Ejecutivo y los diputados correctamente negociaron, y empezaron a arribar acuerdos, estableciendo realizar un ajuste fiscal, que detenga el endeudamiento. Por lo cual, estamos ante una gran oportunidad, y más aún al entender el ajuste fiscal como el medio correcto para alcanzar el fin, de evidentemente no caer en crisis, y además de asumir la tarea, no realizada, de modernizar al Estado, para que sea eficaz en el papel que le corresponde, sobre todo en el uso de los recursos, por el lado de los gastos. En el sentido, que no solo tenga pretensiones, sino que realmente brinde seguridad ciudadana o jurídica, o para que eduque y cure. Es decir, que sus políticas funcionen, sin mayor endeudamiento, que no ha sido el ingrediente faltante.

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(1) Abhijit V.Banerjee y, Esther Duflo, 2011.

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