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El fruto de la polarización

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Luis Laínez

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Por años, la polarización fue el combustible de la maquinaria del sistema partidista salvadoreño. ARENA y FMLN vieron en esta estrategia la forma de atraer más votos hacia su causa. En la medida de que "el otro" se mostraba como la peor expresión de la política salvadoreña se atraían a más adeptos a la causa. En este modelo, la antipatía surgía de la ideología del adversario. La lealtad, por tanto, se "compraba" del compromiso de evitar que los peores temores se hicieran realidad.

El miedo como mecanismo de activar movilizaciones ha sido una constante en la política salvadoreña: el miedo al comunismo, el miedo al capitalismo salvaje, el miedo a la pobreza, el miedo a la delincuencia y a las pandillas… El miedo como instrumento de la polarización también fue parte integrante de la estrategia de los grandes partidos políticos salvadoreños.

Y ha sido esta forma de hacer política la que ahora hemos visto ha sido llevado al extremo por el actual gobierno. Ahora, la polarización no es ideológica, sino entre "lo nuevo" y "lo viejo", expresado en la frase "los mismos de siempre".

Bajo este concepto, tanto políticos de derecha como de izquierda caben dentro de la categoría de "los mismos de siempre", ya que han estado viviendo de la cosa pública por años. "Lo nuevo", entonces, irrumpe como la alternativa a la decadencia. Pero no escuchamos estructura ideológica ni planes. Solo el deseo de quitar lo viejo y sustituirlo.

¿Qué pasa, entonces, con las estrategias? Hemos visto que la nueva forma de abordar la delincuencia ha dado resultado. Pero nos hemos horrorizado al ver militares del Comando Zeus ingresar con sus fusiles en mano, en actitud de combate. Igual policías antimotines con granadas de humo cruzando sus pechos. Todos con los rostros cubiertos, dispuestos a tomar control de la Asamblea Legislativa cual si fuera el centro de operaciones de un grupo terrorista.

No hubo ni un disparo, es cierto, pero sí volvieron a la vida los peores horrores de generaciones de salvadoreños que se creían superados. El miedo, otra vez, ha vuelto a hacer efecto. Hemos visto a partidos moribundos volver a la vida, al activismo, a superar sus divisiones. Ahora ya no es seguro que la próxima Asamblea Legislativa sea monocromática, sino que la estrategia de la polarización extrema le ha dado más combustible a maquinarias que habían cumplido su ciclo de existencia. Este ha sido el fruto de la polarización.

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