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El grito en el cielo por un estudiante que abandone la escuela (3)

En los dos artículos anteriores he escrito sobre el acceso y la permanencia del estudiante dentro de un centro escolar; ahora, abordo su egreso de la escuela.

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Ricardo Bracamonte

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¡Qué importante es dar al estudiante las herramientas indispensables para minimizar su incertidumbre a la hora de egresar del centro escolar! Qué importante es haberle ayudado a construir rutas para incursionar en la sociedad y claridad de sus propias capacidades a la hora de salir con su certificado de 6º, 9º o Bachillerato.

¡Qué gran labor de la escuela, especialmente en el sistema público, si ayuda al estudiante a identificar y orientar su vocación y a descubrir las ofertas laborales, la continuación de los estudios o la posibilidad de emprender y, además, proporcionarle el instrumental indispensable para llegar a ser un ciudadano de bien!

La escuela debe exigir ante la sociedad el derecho de ayudar al estudiante a formarse como un ente productivo en todos los ámbitos, incluso el político que categoriza al individuo como ciudadano. Un derecho que debe vindicar aun en las situaciones más precarias de su institución.

La escuela es un espacio privilegiado para estimular a los futuros miembros de la sociedad a que interactúen, creen lazos de afecto entre ellos y sueñen en construir una comunidad mejor; por eso, es un enorme pecado dejar abiertas las brechas para que un estudiante deserte.

El director, los docentes, los mismos estudiantes, los padres de familia, deben hacer hasta lo imposible para evitar que un niño, niña o joven abandone la escuela; y si la abandona, tratar de recuperarlo.

Muchos estudios afirman que la deserción no se da de manera inmediata, sino a través de un proceso gradual y acumulativo que nace, muchas veces, de que al estudiante no se le estimulan capacidades para vincular los conocimientos adquiridos en clase con su vida real.

Desde que Daniel Coleman, en 1995, con su libro "Inteligencia emocional", afirmó que el desarrollo socio-emocional no solo mejora los logros del estudiante dentro de la institución, sino que lo prepara para incursionar positivamente en el mundo, ya sea en un trabajo productivo, con sus amigos, familia o como ciudadano solidario; desde entonces, la escuela ya no puede dejar de lado este factor indispensable para asegurar el éxito en el egreso de sus estudiantes.

Los dirigentes de un centro escolar deben estar permanentemente cuestionándose, viendo su organización, su funcionamiento, su estructura curricular, su propia conducta, para ver si se está alimentando adecuadamente al futuro ciudadano.

Claro que no siempre la deserción de un estudiante es culpa de la escuela, existen factores externos que inciden; sin embargo, la escuela debe sentirse impactada y debe hacer sentir a la comunidad lo que significa que un estudiante abandone la institución.

Hay que poner el grito en el cielo por un solo estudiante que abandone la escuela para que en el interior del centro escolar se tomen medidas o para que la comunidad corrija o por lo menos tome conciencia de lo grave de esa situación.

¿Directores, maestros, padres de familia, estamos ayudando al estudiante a construir sus propias herramientas para egresar de manera exitosa desde la escuela o instituto?

Tags:

  • estudiante
  • vocación
  • escuela
  • docentes
  • deserción

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