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El hoyo en el que nadie excava

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Federico Hernández Aguilar - Escritor y columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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El troll center oficialista estuvo muy activo la semana pasada tratando de "responder" (las comillas son piadosas) al artículo "¿Se divierte, presidente?", publicado en estas páginas de opinión. No suelo leer ese tipo de ataques anónimos; esta vez hice una excepción porque los mensajes, aparte de provenir del mismo grupito de personas –los errores de sintaxis eran idénticos aunque las cuentas fueran distintas–, se empeñaban en publicar un "recibo" cuya firma es más falsa que un billete de nueve dólares.

Pero más importante que esa ayudita que, sin quererlo, me dieron los "odiadores profesionales" defensores del gobierno, entre toda aquella inmundicia llamó mi atención que al fin un funcionario de la administración Bukele se animara a refutar un artículo mío. Y no es que Paul Steiner probara que mi carta abierta al presidente de la república tuviera debilidades, y menos logrado cambiar un ápice mi postura sobre las reflexiones compartidas con su jefe, pero ya es mucho que siquiera uno de los miembros del actual gabinete se dignara cambiar impresiones con un ciudadano crítico.

Paul reconoce que los sobresueldos figuraban en el catálogo de clasificaciones del Ministerio de Hacienda, tras de lo cual asegura que estos debieron "emanar de la institución que los emplea". Si tal cosa fuera cierta, la articulación del "sobresueldo" con el carácter discrecional de los gastos "reservados" no habría tenido ninguna explicación lógica. Pongamos el ejemplo de un agente secreto que la PNC deseara infiltrar en una banda delincuencial, ¿qué disposición legal impediría que de la partida de gastos reservados en Casa Presidencial este agente recibiera su remuneración (que, dado el riesgo sobre su vida, debía de ser más alta que la de sus colegas en la corporación policial)?

Paul Steiner relaciona las anteriores aseveraciones con el hecho que se usara la "partida secreta" para hacer pagos "en efectivo", como si tal cosa constituyera un delito en sí mismo. Aparte de no haber existido nada en la ley que hoy respalde esa afirmación, venir a agarrarse de las declaraciones de algunos implicados para generalizar la existencia de una "instrucción de no revelarlos" es una mera táctica discursiva, no un argumento serio. Colocar esta presunción, además, al mismo nivel que la evasión fiscal –algo que, he sido claro, sí debe investigarse– es impropio de un debate honesto.

Respecto de los sobornos (pues así debemos llamarlos) que existían entre la Casa Presidencial de Saca o Funes y otros órganos de Estado, desde luego no pueden atribuirse a ninguno de los exfuncionarios que ahora guardan prisión injustamente, así que la observación de Paul, al menos con relación a mi artículo, es inoficiosa.

Ahora bien, ¿aceptará Paul Steiner un intercambio respetuoso y profundo sobre la corrupción? Si es así, estoy a la orden. De hecho, hay varias preguntas que me encantaría hacerle sobre las actuales declaraciones de reserva del gobierno, los puestos "Ad Honorem", la lista Engel y los desmantelamientos del IAIP y la CICIES –instancia que tanto defendió antes de ser funcionario. (Pero no en redes sociales, Paul, porque estoy fuera de ellas. Solo si tu jefe me hubiera respondido, talvez me habría animado a ingresar a ese "mundo").

Por cierto, no encuentro fuente seria que confirme a Confucio como autor del proverbio "ya dentro del hoyo, mejor dejar de cavar". Quizá lo importante sea, en todo caso, descubrir quién de los dos está al fondo del agujero. ¿Le entramos, Paul?

Tags:

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