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El inicio del Mes Cívico tendría que motivar la reflexión sobre el estado de la práctica de valores en nuestro convulsionado ambiente

Lo primero que se tendría que tener presente es que la Patria representa mucho más que un recordatorio de lo que ha ocurrido en el tiempo: es una vivencia cotidiana, a la que todos tenemos que sumarnos en forma plenamente consciente.
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El ambiente nacional se ha venido convirtiendo en una especie de páramo en lo que se refiere al sentido de pertenencia y a la conciencia de Patria. Acaba de iniciar el llamado Mes Cívico y, aunque de seguro se producirán las ceremonias conmemorativas tradicionales, no se percibe ninguna vibración emocional que indique que los salvadoreños estamos viviendo de veras el homenaje a nuestra propia existencia como nación con raíces y con destino. La descalcificación progresiva del sentimiento de Patria viene de lejos, y sin duda es producto del irresponsable y creciente abandono de los mecanismos de identidad, que son los que están en la base de la vivencia como colectividad integrada e interactuante.

Lo primero que se tendría que tener presente es que la Patria representa mucho más que un recordatorio de lo que ha ocurrido en el tiempo: es una experiencia cotidiana, a la que todos tenemos que sumarnos en forma plenamente consciente. Y esa experiencia trae aparejado un compromiso: el de contribuir, cada quien desde su propio lugar de arraigo dentro de la sociedad, a que el país sea cada vez mejor en todo sentido. Porque en verdad el sentimiento de Patria es semejante al sentimiento de familia, y cuando ambos se integran para funcionar en común de manera armoniosa y proyectiva se van abriendo todos los espacios para la convivencia pacífica y para el progreso sin exclusiones.

En nuestro caso nacional, la desconexión del sentimiento de Patria ha ido lamentablemente vinculada con la dispersión de todas las energías constructivas de las que disponemos. Es como si El Salvador se hubiera ido quedando huérfano de sí mismo, con todas las consecuencias desarticuladoras que eso trae consigo. Y una de esas consecuencias es el deterioro de la práctica de valores. Valores como el respeto, como la seguridad, como la probidad, como la justicia, como el orden y como la solidaridad parecen andar hoy a la deriva entre las mil vicisitudes que nos acechan y nos agreden a todos en el día a día. Eso no puede ni debe continuar así, porque lo que está en juego es nuestra supervivencia como sociedad civilizada y progresista y nuestra capacidad real de avanzar hacia el futuro que merecemos.

Recuperar la vigencia y la vivencia de los valores es labor que requiere muchísimo empeño y voluntad. Además, tal voluntad y tal empeño requieren que se produzca y se sostenga un acuerdo de todos en esa línea. Volvemos aquí al punto que se reitera a cada instante en lo que al tratamiento eficaz de todos los otros problemas se refiere: la concertación de fuerzas y esfuerzos para sacar al país adelante. Aunque es un punto clave de inicio, no basta con que los políticos se entiendan entre sí: tienen que hacerlo todas las fuerzas nacionales, sobre el buen ejemplo que al respecto deben dar las fuerzas políticas. La agenda básica la pone la misma realidad, y lo que toca de inmediato es plasmar dicha agenda en temas específicos, en criterios definitorios y en métodos funcionales.

En este Mes Cívico esperaríamos que hubiera un despertar de la responsabilidad nacional en los diversos campos del quehacer tanto público como privado. Se agradecen las buenas palabras, pero a éstas se las lleva el viento si no se concretan en hechos.

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