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El laberinto catalán

La proclamación de Independencia de la República de Cataluña el pasado 27 de octubre, luego de su redacción el 10 de octubre por el Parlamento tras el triunfo del “sí” en el referéndum del 1.º de octubre (1-0), es el eslabón de unos sucesos enmarcados en la aspiración de cerca del 48 % de la población catalana, según encuestas de medios españoles, para fundar una República soberana.

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La otra mitad de la población catalana se opone a la secesión en sintonía con el veto estatal antiindependentista. El referéndum del 1-0 fue declarado ilegal por el Tribunal Constitucional de España (TCE). En el Parlamento catalán, de 135 miembros, 70 votaron a favor de la Independencia, 2 votaron en blanco, 10 se abstuvieron y 53 se ausentaron. El 28 de octubre el Consejo de ministros del Reino de España, invocando el artículo 155 de la Constitución, cesó a todo el Govern de la Generalitat de Cataluña, incluyendo a su president, Carles Puigdemont, y convocó a elecciones para el próximo 21 de diciembre, mientras que el 31 de octubre el TCE suspendió cautelarmente la Independencia.

Históricamente el independentismo catalán se nutre de una Cataluña que fue ocupada por las tropas borbónicas de Felipe V en 1714, dado que la corona de Aragón a la cual pertenecía el condado de Cataluña apoyó al otro candidato al trono español, el archiduque Carlos de Habsburgo.

El 6 de octubre de 1934, Lluis Companys proclamó en el balcón de la Generalidad, acompañado de sus consejeros, la República Catalana; siendo de inmediato arrestado por el Ejército de la República. Luego de una amnistía, fue electo president de la Generalitat en febrero de 1936, hasta su exilio en 1940 a Francia, de donde fue deportado por los nazis a España, y fusilado por Francisco Franco.

Durante ese período Cataluña fue uno de los bastiones de las ideas libertarias, al grado de fundar la primera y única república anarquista de la historia durante la llamada “Revolución Social Española de 1936”, que tuvo lugar después del golpe de Estado del ejército español. Esta ha sido una de las pocas revoluciones en la cual las ideas anarquistas de organización social se han llevado a la práctica a gran escala en el mundo.

En septiembre de 1977, regresó a España Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat de Cataluña en el exilio, con lo cual se restableció el autogobierno catalán por un Real Decreto del gobierno de Adolfo Suárez. La “Operación Tarradellas”, así como la legalización del Partido Comunista Español, fueron unas de las más audaces medidas políticas que posibilitaron la Transición española de la dictadura de Francisco Franco a la democracia.

La secesión de Cataluña representaría un reto continental, pues ello daría la pauta para el nacimiento de decenas de nuevas repúblicas europeas, desde la Lombardía y el Véneto italianos, el Gales y la Escocia británicos, la Córcega y la Normandía francesas o la Valonia y el Flandes holandeses, regiones separatistas con articulados movimientos pro-independencia.

La convocatoria a elecciones en Cataluña el próximo 21 de diciembre hecha por el gobierno español, aceptada por casi todo el espectro político catalán, podría ser un arma de doble filo, un plebiscito que reforzaría con mayores bríos el independentismo catalán.

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