El “tortuguismo reumático” en la visión y gestión pública del desarrollo (II)

Su principal origen: atrasos en la comprensión de las profundas transformaciones del mundo en las últimas tres décadas, con arraigadas concepciones atrasadas derivadas de la ideología, de las limitaciones de conocimiento o de ambas.
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El “tortuguismo reumático” en la visión y gestión pública del desarrollo (II)

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VISIÓN. Sin comprender y asumir el acelerado proceso de globalización y revolución científico-tecnológica, y las transformaciones del capitalismo mundial de final del siglo pasado y de principios de este, no es posible conducir países a mejores niveles de progreso económico y social, potenciando sus ventajas competitivas y la mejor inserción en la nueva economía internacional en gestación. El liderazgo asiático lo hizo, asumiendo tempranamente el imperativo de desarrollar las fuerzas productivas y exportadoras a partir de Estados fuertes e inteligentes, con visión y planificación estratégica, priorizando la educación, la promoción sostenida de inversiones y tecnología de grandes y medianas empresas internacionales, y aprovechando al máximo las oportunidades de la globalización. Dependiendo de la inserción en la globalización de sus naciones, los pueblos seguirán sumidos en el subdesarrollo y la pobreza, o saldrán de ella y progresarán.

El primer y mas importante origen del “tortuguismo reumático” en la visión y gestión pública del desarrollo se deriva, en mi opinión, de los atrasos en la comprensión de las profundas transformaciones del mundo en las últimas tres décadas, con arraigadas concepciones y creencias atrasadas derivadas de la ideología, de las limitaciones de conocimiento o de ambas, para enfrentarse e insertarse en mejores condiciones a la globalización y al desarrollo.

En los círculos de los grandes empresarios y en las derechas políticas, las posiciones están determinadas por una creencia en el “Estado mínimo” sin concepción del “contrato social”, donde la planificación pública del desarrollo no solo es innecesaria, sino dañina, y donde el desarrollo social es visto, básicamente, como el resultado de la creación de empleo por la inversión privada y la responsabilidad social empresarial a través de fundaciones, asociaciones e iniciativas privadas diversas. A mediados de los noventa se eliminó el Ministerio de Planificación y Desarrollo, minimizándose la capacidad de inteligencia y planificación estratégica del Estado. El desarrollo de FUSADES era importante, pero el de MIPLAN también.

En los sectores sociales y en las izquierdas en general, las visiones y creencias se derivan de la primacía del Estado en el desarrollo y en la distribución de la riqueza, sin mayor preocupación sobre su producción y el rol primordial del sector privado en la misma, y en la determinación de la economía global sobre las economías nacionales. Entre sus principales convicciones resaltan: 1) la inversión pública debe ser el principal motor de las inversiones y el crecimiento (aunque el Estado no tenga los recursos, el conocimiento, y se aproxime financieramente a la quiebra); 2) las inversiones más importantes para el desarrollo del país son las nacionales, no las internacionales (aunque la mayor parte de los recursos financieros, tecnológicos, “know-how” y de fuerza y penetración de mercados internacionales estén en grandes empresas internacionales); 3) las inversiones que deben promoverse son primordialmente las de las micro y pequeñas empresas y cooperativas; 4) que el crecimiento debe ser hacia adentro, en función del desarrollo del mercado interno (a pesar de su pequeñez, no hacia afuera exportando, en función de los mercados internacionales, lo que crearía empleos y mercados que ampliarían el mercado interno); 5) es prioritario el fortalecimiento del Estado, entendido como más inversión y gasto social, mayor contratación de empleados públicos y mayor participación accionaria y control en las empresas que distribuyen diversos servicios públicos; 6) la mejor manera de generar ingresos fiscales es aumentando impuestos (no con mayor inversión privada y crecimiento, e impulsando reformas fiscales integrales que no la desestimulen); 7) conducción jerárquica, centralizada, compartimentada, (contraria a los métodos de gestión modernas que son horizontales, en redes, basados en la transparencia y la colaboración, compartiéndose la información, el análisis y el conocimiento, promoviéndose la discusión y deliberación profesional y técnica hasta llegar a consensos funcionales).

Además, observamos en ambos lados falta de concertación técnica y política con otras instituciones estatales, con la oposición política, con el sector privado y con organismos internacionales de desarrollo, exceptuando la importante experiencia de diálogo y concertación del Consejo Nacional del Crecimiento y los Consejos Nacionales de Seguridad y Desarrollo impulsados por los últimos dos gobiernos.

En los partidos políticos, los esporádicos intentos de actualizar la visión y la estrategia son objeto de negociación y consenso entre los dirigentes, con el veto respectivo de los más conservadores, los menos instruidos y los que ven amenazado su poder con las nuevas ideas y visiones. Así se va imponiendo el mínimo común denominador que conforma, involuntariamente, el “compromiso estratégico con el entendimiento retardado”. Para cuando se descubren y se consensúan las vocales, ni siquiera el abecedario, la realidad que se siguió moviendo ya está en etapas más avanzadas de desarrollo. Los atrasos promedios de visión promedian dos décadas, conformándose el eterno “muy poco, muy tarde” (“too little, too late”), el nefasto “tortuguismo reumático” en la visión y gestión pública del desarrollo.

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  • alberto arene
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  • economista y analista

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