El malo de la película

A veces le hacemos mala cara, también nos incomoda. A algunos nos interesa lo que otra gente hace con él. Muchos hasta lo llaman “la raíz de todos los males” y el principal causante de la corrupción.
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No, no me refiero al misterioso y famoso hombre del maletín negro que se pasea por el Salón Azul. Aunque es odiado por muchos y codiciado por la mayoría, este ser “endemoniado” nos puede quitar el sueño, pero también puede darnos tranquilidad.

Es capaz de comprarlo todo, pero a la vez hay cosas que nunca comprará. Agradecemos su presencia en nuestra vida, pero miramos con recelo cuando se frecuenta mucho en la vida del prójimo.

Don Dinero es parte y tiene influencia en la vida de todos. Dicen que él es el culpable de que algunos funcionarios cambien el color de la corbata que visten de una entrevista a la próxima. También le atribuyen culpa en actos atroces, de trato de personas, asesinatos y otras violaciones del derecho.

Pero Don Dinero también ha edificado hospitales que han salvado vidas, financiado proyectos que crean empleos, ha hecho posible la educación que nos hace productivos a muchos.

El detalle está en que lo personalizamos, y en ese ejercicio le atribuimos culpas e intenciones. El dinero no es más que un instrumento de intercambio. Un “mal necesario” si usted gusta. Es lo que me ayuda a mí a intercambiar mi trabajo por los zapatos que necesito. Sin el dinero tuviera que preguntarme primero qué necesita el zapatero.

Lo curioso de los instrumentos es que así como pueden ser usados de manera íntegra también pueden ser usados de manera deshonesta.

Un cuchillo no es malo por naturaleza, así como un arma de fuego tampoco lo es. El mismo cuchillo que puede matar a una persona puede ser usado para partir la cena que alimentará a una familia. El cuchillo no mata a una persona, la persona mata a otra persona por medio del cuchillo.

De igual forma el dinero no corrompe ni hace mal, son las personas las responsables de la corrupción. Igualmente son los médicos, albañiles, arquitectos, y personas los responsables por construir y generar beneficios para ellos mismos y los demás.

Así que no le tenga tanto odio a Don Dinero, que no se le revuelva la bilis por ver que otros tienen mucho. Que otros tengan más o menos no va a hacer que usted tenga más tampoco, a menos que se lo quite a la fuerza (por medios institucionalizados o no).

Sin embargo, como cualquier instrumento hay que tener cuidado. Hay quienes pueden tener mucho dinero “mal-habido”, por negocios cuestionables o ilícitos, pero la culpa es de quien se hizo de él de esa forma, y la corrupción se castiga.

En un sistema de libertades como en el que vivimos la responsabilidad es básica. Nadie debería de privarlo, a la fuerza, de las recompensas o consecuencias de sus actos. Cada quien es responsable de sus acciones. Toda cae sobre el individuo, no sobre objetos o instrumentos que ni actúan ni deciden. Para muchos es más fácil culpar a otros, como a Don Dinero, en vez de aceptar su falta de principios al ser comprados.

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