Lo más visto

Más de Opinión

El manejo de la legalidad en nuestro país también debe ponerse al día conforme a las necesidades y a los desafíos presentes

Hagamos del imperio de la ley una responsabilidad efectivamente compartida por todos, comenzando por los representantes que escoge la ciudadanía para ejercer las funciones públicas.

Enlace copiado
La Prensa Gráfica

La Prensa Gráfica

Enlace copiado

Como los salvadoreños sabemos por experiencia lacerantemente vivida, en nuestro ambiente la inmensa mayoría de las normas, de los esquemas y de las salvaguardas de nuestra normalidad legal han estado crecientemente reducidas a quedarse en el papel, hasta el punto de que tal distorsión existencial se fue volviendo un hecho indiscutido, como si fuera lo natural, cuando en verdad es todo lo contrario. Aun los mandatos constitucionales de mayor relevancia y trascendencia se vienen quedando en palabras, dejándole libre así al poder de turno, en las diversas expresiones del mismo, todas las opciones de imponerse sin control, con las consecuencias desnaturalizadoras y depredadoras que están a la vista.

Hay que destacar una evidencia que pone de relieve que estamos realmente en otro momento, en esta y en muchas otras cuestiones nacionales de especial importancia para la buena marcha del país y de sus distintos procesos estructurales y coyunturales: la voluntad ciudadana es ahora mismo la principal vigilante del proceso nacional; y como dicha voluntad no es manipulable en las formas en que lo ha sido la institucionalidad a lo largo del tiempo, los cubrimientos tradicionales vienen siendo sustituidos por los destapes sucesivos.

Lo anterior abre espacios para que la frustración ciudadana por el brote constante de la corrupción en los períodos gubernamentales anteriores vaya buscando salidas; pero el fenómeno es aún más profundo, ya que lo que la gente busca es más participación real, más justicia distributiva, más reconocimiento de derechos básicos y más credibilidad comprobable en los hechos. Casos dramáticos como el de Chile, donde parecía que el desarrollo avanzaba en forma sustancial y satisfactoria, deben ponernos a todos en guardia, porque ya se ve que las apariencias pueden engañar aunque estén muy bien maquilladas y ataviadas.

Lo primero que hay que asegurar en todo caso es que la legalidad impere; pero eso solo no basta: es preciso garantizar que el progreso sea bien fundado y debidamente compartido. El tema, en sus variadas manifestaciones, está hoy al rojo vivo en nuestros entornos, y en referencia a ello, los expertos de The Economist auguran más inestabilidad en el año que está por comenzar. Y es que en el trasfondo de todas estas inestabilidades que estallan por doquier con violencia en muchos lugares insospechada está la aguda impaciencia naturalmente derivada de que el futuro mejor del que tanto hablan los políticos nunca llega.

Como marco que asegura el desenvolvimiento sano de todo lo demás seguimos insistiendo en el hecho de que hay que garantizar que los principios y las normas democráticas no sólo estén vigentes de manera formal sino que se cumplan con la plenitud y la continuidad que corresponden. Esa es la seguridad básica que permite que todas las otras seguridades puedan arraigar de veras en el ambiente.

Hagamos del imperio de la ley una responsabilidad efectivamente compartida por todos, comenzando por los representantes que escoge la ciudadanía para ejercer las funciones públicas. Necesitamos progreso con equidad, evolución con previsibilidad y convivencia con armonía. Y es preciso ir instalando políticas que prevengan el descontento ciudadano, para evitar que los estallidos sociales o las decisiones ciudadanas producto de la frustración sigan proliferando en nuestros ambientes. En esto El Salvador muestra una situación mucho más estable que la de otros países, y eso hay que salvaguardarlo y propiciarlo sin descanso.

Volvámonos gestores de la legalidad en todas sus formas, para desde ahí mover las maquinarias sociales y políticas hacia un presente y un futuro mejores, que es lo que legítimamente anhela nuestro pueblo.

Tags:

  • voluntad ciudadana
  • participación
  • legalidad
  • progreso

Lee también

Comentarios

Newsletter
X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines