El manejo financiero lógico y técnico

Toda persona, empresa o institución que recibe ingresos sabe en qué debe gastarlo o invertir dicho dinero, y hace su propio presupuesto, mental o por escrito, desde el más pobre jornalero, el jefe de familia, el funcionario público o privado, el empresario y el mismo Estado, cada quien más simple o más complejo, usando la lógica como primer paso y las técnicas cuando son más inciertas esas entradas, para lo cual deben usarse cálculos y estadísticas con expertos o profesionales, pero la verdad es que todo mundo se basa en un estimado de ingresos y egresos, el cual trata de cumplir dentro de un período, generalmente un año.
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Las normas mandan no gastar más de lo que se tiene o se espera tener, es la primera, hacerlo con base en prioridades es la segunda, las inquietudes de satisfacciones placenteras o benéficas, obras sociales, etcétera, para ayudar a otros es lo tercero y así sucesivamente, hasta despilfarrarlo si le abunda, es cosa de quien maneja o decide lo que desea con su dinero, lo grave es cuando se dispone de lo que es ajeno, de quien se lo encomienda, del pueblo por ejemplo, que requiere más cuidado y probidad.

Las reglas obedecen a necesidades, en el hogar la primera obligación es la alimentación, el techo, el vestuario, el transporte y demás coberturas, las deudas tienen que pagarse primero; el albañil, jardinero, técnico o profesional que ofrece libremente sus servicios realiza estimaciones para cada rubro, el empresario da prioridad a sus gastos de funcionamiento, local, personal, servicios públicos y legales como impuestos y estima sus ganancias o lo que reinvertirá para ir creciendo; el inversionista mide el riesgo y de retorno de su dinero, desde luego sus réditos, si le sobra lo dona para lo que sea, para beneficiar a otros o malgastarlo, esto último no lo hace nadie sino de lo que le sobra.

El Estado, según la Constitución, tiene definidas sus funciones y dónde debe gastar para lograrlas: salud, seguridad, educación; las obras de infraestructura son una inversión y no un gasto, para el logro de sus fines, entre ellos propiciar el desarrollo económico para que el país avance, para que la población en estado saludable pueda trabajar, generar riqueza y devengar mejores ingresos, con los cuales pueda pagar impuestos, acrecentando los ingresos del Estado, aumentar sus compras (IVA), Impuesto Sobre la Renta, pago de multas de tránsito, etcétera, la ampliación de la infraestructura en todo sentido, energía eléctrica, carreteras, puentes, centros turísticos, puertos, y más son las únicas que admiten contraer préstamos, no los gastos corrientes, pues se espera de esas inversiones un retorno ya sea en dinero, servicios, bienestar común, etcétera, que beneficie a la población. Nunca un buen empresario presta para pagar gastos de subsistencia, solo para producir más y mejor, construcción de plantas, edificios, maquinaria, adquisición de materias primas y todo lo que le brindará un producto con ganancia física en dinero o estabilidad.

¿Qué pasa ahora con el Gobierno prestando para cubrir gastos operativos presupuestados?, establecidos por leyes que él mismo ha creado, salarios, prestaciones, escalafones, FODES y leyes sociales, si se compromete es porque tendrá la capacidad de cumplirla con los fondos percibidos, si son nuevos es porque supone que ha quintuplicado sus ingresos fiscales en 20 años y de ahí se pagará: ¿será correcto acudir a empréstitos para cubrir obligaciones rutinarias? Por qué no esperar a regalar útiles, zapatos, pensiones y cuanto se venga en gana, incluyendo compra de voluntades y publicidad, cuando se haya creado la riqueza suficiente.

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  • ingresos
  • gastos
  • impuesto
  • iva
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