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El mayor factor de riesgo en la actualidad es la creciente incertidumbre que se vive tanto en lo nacional como en lo internacional

Los factores de riesgo se multiplican, y eso genera una especie de contaminación que no tiene fronteras. Podríamos hablar de inseguridad globalizada, ya no como un fenómeno circunstancial sino como un signo de los tiempos, lo cual es aún más inquietante.
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La inseguridad se ha venido convirtiendo en una especie de indeseable e incontrolable signo de los tiempos, pues su despliegue y su incidencia se hacen presentes en todas partes, como en una suerte de fenómeno globalizado que va sumando peligros, amenazas y flagelos a cada paso. Inseguridad siempre ha existido, porque es parte de la naturaleza del vivir humano en cualquier circunstancia; pero hoy, con las aperturas expansivas en todos los ámbitos, esa inseguridad adquiere proporciones de plaga universal, que en cada zona, en cada sociedad y en cada comunidad presenta características propias. Todo este acontecer, que golpea por doquier y se propaga sin límites por efecto de la indetenible proliferación de las comunicaciones, hace que la incertidumbre le ponga su sello a cuanto se da en el acontecer actual.

Los factores de riesgo se multiplican, y eso genera una especie de contaminación que no tiene fronteras. Podríamos hablar de inseguridad globalizada, ya no como un fenómeno circunstancial sino como un signo de los tiempos, lo cual es aún más inquietante. En nuestro país, los factores de inseguridad lejos de disminuir se incrementan, y lo hacen prácticamente en todas las áreas de la realidad nacional. Hay inseguridad derivada de los distintos auges delincuenciales, que sin duda es la que impacta más directamente en el diario vivir de la gente, pero también hay inseguridad jurídica, inseguridad política e inseguridad social, con las más variadas expresiones y los más diversos matices. Esto constituye algo así como un activo vivero de inseguridades del cual se alimenta la incertidumbre que pone su sello en todo lo que pasa.

Pero no sólo estamos expuestos a la inseguridad y a la incertidumbre que se originan y se manifiestan internamente: hoy la inseguridad y la incertidumbre vienen también de afuera, y en formas que hasta el momento no habían sido imaginables. Un ejemplo de estos mismos días puede servir para graficar lo que eso significa: Estados Unidos, con quien tenemos tantos lazos de interés tanto económico como social y político, está viviendo un tránsito presidencial sin precedentes, sin que se sepa hasta hoy a ciencia cierta cuáles pueden ser los desarrollos inmediatos al respecto. Una de las nuevas líneas anunciadas es una política de antiinmigración que podría afectarnos grandemente, porque el porcentaje de salvadoreños que han emigrado por distintas vías hacia el Norte es de enorme volumen y su incidencia en nuestra realidad es cada vez más significativa. Una ansiosa interrogante está en pie. Y aunque esperamos que en ningún sentido pase lo peor, la incertidumbre gana terreno.

En el país, el tema de la “inseguridad” y la “incertidumbre” interconectadas debería ser objeto de más atención analítica tanto en los niveles públicos como en los ámbitos privados. Lo que se siente y se percibe está ahí, pero lo que puede conocerse hay que investigarlo y procesarlo, para que sepamos con la máxima certeza posible sobre qué terreno estamos parados. Sólo cuando hay seguridad y certidumbre suficientemente fundamentadas puede haber claridad de propósitos y definición de metas.

Si algo dejó la conclusión negociada de la guerra fue la certidumbre de que la conflictividad anterior había sido históricamente clausurada. Hoy se trata de asegurar, en forma confiable y verificable, que la ruta que lleva el proceso nacional puede llevarnos hacia el verdadero desarrollo.

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  • incertidumbre
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