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El mediador de Naciones Unidas y su enorme desafío (III)

Las condiciones subjetivas de los actores son contrarias a las condiciones objetivas de la realidad que hacen de los nuevos acuerdos un imperativo nacional. Cómo superar semejante contradicción es el gran desafío del mediador de Naciones Unidas y de las fuerzas nacionales e internacionales que lo respalden.
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Cuando se analizan fría, racionalmente, objetivamente las condiciones de partida y los escenarios de los dos próximos años para una mediación que conduzca a acuerdos sustantivos de gobernabilidad y desarrollo, no hay razones para el optimismo por: 1. Las realidades de los principales actores políticos. 2. La coyuntura político-electoral que se avecina. 3. Las convicciones de algunos grandes e influyentes empresarios. 4. Los estrechos márgenes de maniobra y persuasión del presidente de la República en su propio partido. 5. La falta de motivación e interés de los principales actores internacionales. Utilizando la conceptualización de otros tiempos afirmamos que las condiciones subjetivas de los actores son contrarias a las condiciones objetivas de la realidad que hacen de los nuevos acuerdos un imperativo nacional. Cómo superar semejante contradicción es el gran desafío del mediador de Naciones Unidas y de las fuerzas nacionales e internacionales que lo respalden.

A las visiones y actitudes adversas de los liderazgos de los dos principales partidos políticos a procesos de diálogo y negociación se agrega la coyuntura electoral ininterrumpida de los próximos dos años (abril de 2017-marzo de 2019) que determinará el comportamiento de ambos alejándose de lógicas conciliadoras. Adicionalmente, se agrega el convencimiento de varios dirigentes de ARENA y de algunos grandes empresarios que financian e influyen en el comportamiento de ARENA que el diálogo y negociación con el gobierno y su partido es inútil, que no hay nada que mediar y negociar, convencidos –además– de su victoria en las próximas dos contiendas electorales.

Para una muestra, detengámonos en lo que acaba de decir una voz racional, moderada y concertadora del empresariado nacional, el presidente de FUSADES, Miguel Ángel Simán: “Los salvadoreños nos merecemos un poco más de explicación sobre el porqué y para qué es este mediador, al que le damos la bienvenida, desde luego. Yo me pregunto, okay, va a venir a mediar, ¿pero a mediar sobre qué? Hay un montón de temas sobre qué mediar, pero quiero que me expliquen sobre qué vamos a mediar. Todos estamos de acuerdo en que hay que controlar en los tres problemas fundamentales: en la solución a la violencia, en que hay que generar oportunidades de trabajo y que hay que combatir la pobreza. Entonces, ¿de qué vamos a mediar? Para atender esos tres problemas de país, lo que vos necesitás es diseñar e implementar política pública efectiva, y el gobierno tiene toda esa cancha que te definieron los Acuerdos de Paz para ello. Es más, ellos si quisieran no necesitarían consensuar nada, solamente es de voluntad política tomar decisiones. En términos rápidos, hombre, en el tema de violencia, el gobierno no necesita acuerdos para combatir la criminalidad, o para introducir e implementar programas de prevención, que es la verdadera apuesta en el tiempo. Para generar empleos ¿qué es lo que se necesita? Más inversión. Pero para que haya inversión, ¿qué necesitás? Certidumbre jurídica y un respeto al Estado de Derecho. ¿Necesitás acuerdos para eso? Nombre, si lo que hay que hacer es respetar la ley y dejar de acosar a los empresarios, e invitar a la inversión extranjera a que venga al país. Y si querés combatir las condiciones de pobreza, perfecto: unámonos”. (El Faro, 1.º de febrero de 2017).

En cuanto al concertador presidente de la República impulsor de la mediación de Naciones Unidas, muchos consideran que su poder y margen de maniobra frente a su partido FMLN es muy limitado, aún menos al considerar que desde el gobierno deberán ceder relativamente más que la oposición.

En cuanto a la comunidad internacional, no es evidente que el nuevo gobierno de Estados Unidos, que Europa y que otros actores relevantes latinoamericanos tienen la motivación, el interés, las zanahorias y el garrote para acompañar al mediador y a las partes en el proceso. En sus respectivos gobiernos se preguntan con razón, ¿por qué tenemos nosotros que involucrarnos si los mismos tomadores de decisión salvadoreños no tienen ni el convencimiento ni la voluntad política para dialogar constructivamente y negociar los acuerdos para salvar al país de la quiebra financiera, de la inseguridad generalizada, de la postración y de la irrelevancia?

No obstante estas condiciones adversas, el poder de la razón a favor de la mediación exitosa y de impostergables acuerdos de gobernabilidad y desarrollo es enorme, con gran capacidad argumentativa y elocuente narrativa pero limitado poder real. Las fuerzas nacionales e internacionales de la razón deben organizarse, aliarse y apoyar decididamente esta nueva mediación de Naciones Unidas, un cuarto de siglo después de los Acuerdos de Paz.

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