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El mejor bosque de El Salvador

Al pensar en los pocos bosques que quedan en El Salvador, posiblemente uno quiera dar primer premio como tal al bosque de El Imposible, por su considerable diversidad de árboles, aves e insectos.
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Otros pensarán en el bosque nebuloso de Montecristo, con sus gigantescos robles y gran diversidad y abundancia de orquídeas, bromelias, helechos y líquenes –¡un verdadero “bosque de las nubes”! ¿Cuál otro podría ser?

Sin embargo, al ver nuestros bosques bajo un mayor marco temporal, nos espera una sorpresa inesperada. Pues el bosque más espectacular, majestuoso y diverso de nuestro país quedaba exactamente adonde ahora se encuentra la ciudad de San Salvador. ¡Incluyendo gigantescos caobas, cedros y ujushtes!

Con una composición de flora y fauna similar a la del bosque El Imposible, excedía por mucho a este en variedad de especies en virtualmente todos los grupos de plantas, animales, y hongos silvestres. De hecho, varias especies de orquídeas, escarabajos, mariposas y otros grupos registrados para esta localidad no han vuelto a ser observadas –y mucho menos colectadas– en el resto de nuestro territorio.

¿Cómo puede afirmarse que era “aún mucho más diverso y exuberante que El Imposible? Pues, en parte por pequeños relictos observados en localidades aisladas –especialmente quebradas– además de registros de colecta más antiguos. Pero esto es también deducible por los rasgos de suelos volcánicos fértiles, jóvenes y profundos, y las innumerables quebradas que otrora abundaban con riqueza de agua y organismos acuáticos –¡incluyendo los mismísimos ríos Acelhuate y Tutunichapa! Y también por la sencilla razón de que el hombre histórico, orientado más por el corazón y los ojos que “criterios de planificación urbana”, prefirió asentarse acá más que en cualquier otro lugar.

Y fue la percepción futurista de que muestra de tal bosque podría restaurarse en aspecto (si bien no en diversidad) que llevó al visionario Carlos De Sola a proponer el original Parque de los Pericos en El Espino, buscando restaurar en un “área de uso restringido” un bosque de la naturaleza anterior –y refugio permanente para nuestros pericos capitalinos. En forma similar a como los españoles –que extinguieron sus bosque originales hace más de 300 años– han restaurada áreas que ahora son espectaculares parques nacionales.

Pero la visión de De Sola se extendió mucho más allá, con dos áreas adicionales. Uno sería de uso extensivo –en esencia hermosos y cuidadosamente diseñados jardines, lagunetas, arboledas, etcétera, de fino detalle y mantenimiento, adonde el capitalino y nuestros visitantes podrían gozar de un esparcimiento y relajamiento de muy alta calidad.

La otra área sería de uso intensivo, que tendría áreas especializadas muy necesarias y deseables para nuestro país, que proyectarían y resaltarían nuestro patrimonio natural. Esta incluiría un majestuoso Museo de Historia Natural, jardines botánicos de distintos grupos de flora nativa, acuarios de agua dulce y marina, terrarios ambientales de tamaño considerable, espectaculares aviarios de hábitat natural... en fin, Carlos concibió un parque capitalino de calidad mundial, con varios componentes únicos en su conceptualización.

Es bastante triste ver en qué ha caído un parque concebido con tanta calidad, detalle, valor y belleza, pero debemos tener esperanza que alcaldes, ministros y/u otros funcionarios con tanta visión y orgullo de nación como Carlos De Sola retomen la bandera que cayó con su desafortunada y prematura muerte a sus 30 años de edad.

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