El mensaje papal es un constante ejercicio de cercanía inspiradora y motivadora con los seres humanos en persona

Como dijo el Papa Francisco en referencia al tema migratorio, hay que construir puentes en vez de levantar muros. Y esto es aplicable, desde luego, en todas las áreas del hacer humano.
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EDesde que inició su Pontificado, el Papa Francisco viene ejerciendo un magisterio espiritual en perfecta consonancia con las necesidades de un mundo que se ha materializado al máximo y en cuyas prácticas cotidianas se hace sentir cada vez más la desintegración de los valores fundamentales. Lo primero que hizo el Papa Francisco fue despojarse de toda pompa ceremoniosa para asumir su misión con la sencillez que las circunstancias demandan. Para acercarse de veras a sus semejantes tenía que ubicarse como uno de ellos, de tal manera que su mensaje de palabra fuera verdaderamente congruente con su ejemplo de vida. En tal sentido, la prédica papal da siempre la impresión de provenir de un círculo de amigos o de un convivio de conocidos, con lo cual lo que se dice es capaz de conmover y de convencer de manera mucho más efectiva.

En su peregrinación por México, el Papa Francisco ha hecho un recorrido no sólo por distintas zonas sino también por diversas experiencias. Los países ubicados inmediatamente al sur de Estados Unidos estamos viviendo situaciones de gran intensidad, inseguridad y peligrosidad, porque nos hallamos en la ruta del narcotráfico y también porque desde aquí se dirige una masiva emigración indocumentada hacia el Norte. En la conturbada atmósfera que deriva de esa complejísima problemática una voz tan cercana, tan comprensiva y a la vez tan humanamente demandante como la del Papa se recibe con especial gratitud.

Esta voz es al mismo tiempo suave y enérgica. Se dirige por igual a los débiles y a los poderosos, animando a los primeros a que mantengan activa y actuante la esperanza y exhortando a los segundos a que cumplan su responsabilidad humana por encima de todos los otros intereses. Justamente en esa constante y directa apelación a un humanismo cristiano en el más amplio y profundo sentido del término está la clave universal de esta enseñanza que se ofrece desde las tarimas más variadas, que igual puede ser un púlpito tradicional rodeado de símbolos que un espacio polvoriento a la orilla de un camino.

El Papa, en ese viaje reciente por nuestras vecindades, ha hablado reiteradamente de misericordia, de paz, de esperanza y de armonía. Todo eso lo estamos necesitando, aquí y en todo el mundo, de manera urgente. El Pontífice peregrino se acerca a los jóvenes, a las mujeres, a los reclusos, a los migrantes, a todos los que requieran una palabra de consuelo y de impulso, para que la vivencia religiosa tenga esa vitalidad comunicativa que tanto se anhela en estos tiempos convulsos y desafiantes. Y lo que en verdad hay detrás de todo esto es una exhortación a vivir de mejor manera, poniendo el amor al prójimo en la primera línea de los compromisos personales y sociales. Como dijo el Papa Francisco en referencia al tema migratorio, hay que construir puentes en vez de levantar muros. Y esto es aplicable, desde luego, en todas las áreas del hacer humano.

Por la forma en que se ha venido manifestando hasta la fecha, sabemos que el Papa continuará sin pausa en su trabajo inspirador y motivador. Se trata de un imperativo que es a la vez de fe y de conciencia, como corresponde a un auténtico ministerio en acción. La humanidad en general y las comunidades e individuos en particular están esperando, en todas partes, que mensajes como estos reaviven la confianza en un mundo mejor, en el que todos podamos convivir de manera segura, constructiva y esperanzada.

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