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El mercado y los partidos: necesarios y peligrosos

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Rubén I. Zamora

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En la sociedad los partidos políticos tienen un hermano gemelo, el mercado, y es iluminador visualizar las similitudes entre ambos, tanto para entender sus falencias, como las posibilidades de superarlas. El mercado y los partidos políticos son instrumentos de mediación, en el campo de la economía y en la política. El mercado es el vínculo entre productores y consumidores, los partidos lo hacen entre el poder político y la ciudadanía. Ambos son imprescindibles.

Sin embargo, mercado y partidos políticos, no solo median, sino que participan en el manejo de los dos polos que les corresponden; el productor participa directamente en el mercado y los consumidores disponen de instrumentos de influencia directa en el comportamiento de los productores y del mercado; por su parte los partidos políticos están formados por ciudadanos y una de sus funciones es ejercer el manejo del Estado; la mezcla de mediación y conducción hace mucho más complejo el tratamiento del tema, pero es, en definitiva, una característica que ambos comparten, y este es nuestro punto de partida.

Originalmente, la función mediadora del mercado no existía, los miembros de la sociedad eran al mismo tiempo consumidores, los intercambios se producían mediante el trueque de productos; gradualmente el mercado va apareciendo empujado por el tamaño y complejización de la sociedad, de tal manera que productor y consumidor quedaron separados y fue el mercado el que asumió su mediación; un proceso similar se da en el nivel político que pasa de una etapa de directa relación entre el gobernante y los súbditos al aparecimiento de los partidos como la instancia mediadora en la sociedad moderna.

La historia nos muestra que determinadas formas de mediación en ambos campos de la vida social tienden a desaparecer si su función mediadora no es adecuada para el desarrollo de la sociedad, así por ejemplo, la organización del mercado en la sociedades comunistas del siglo XX en las que el Estado controlaba absolutamente el mercado se demostró ser ineficiente y llevó, en la segunda mitad del siglo pasado, a una crisis que terminó acabando con el sistema económico del socialismo real.

La historia también nos muestra que una característica de ambos instrumentos mediadores es su tendencia a subordinar a los objetos de su mediación y a apropiárselos y a pasar de ser mediador a dueño y señor; la producción es cada vez más modelada por el mercado a tal grado que ha dado origen a una rama de la economía, el mercadeo; de igual manera, los partidos políticos tienden a modelar el Estado y someterlo a sus intereses particulares y al mismo tiempo, tanto el mercado como los partidos tienden a encuadrar a ciudadanos y consumidores a sus antojos mediante la propaganda.

En ambos campos el mediador ha sido el responsable de las más graves crisis del sistema que pretenden mediar: la especulación desenfrenada en los mercados financieros ha sido la principal causa de las dos más grandes crisis económicas del capitalismo, la de los años 30 del siglo pasado y recientemente en nuestro siglo (2008 al 13); por su parte las crisis del sistema político suelen originarse ante el agotamiento o crisis de los partidos políticos.

La tendencia al abuso de la función mediadora es propia de ambos, por lo que el mercado y los partidos generan crisis de legitimidad tanto a la economía como a la política. Ambos son instituciones no solo indispensables sino peligrosas y que requiere de correctivos y vigilancia tanto del Estado como de la sociedad civil, así, un periodo de desregulación del mercado durante la presidencia de Bush II generó la última crisis. De igual manera frente a los partidos políticos debemos de plantear la misma actitud correctiva y de vigilancia, pues su tendencia natural es a abusar de su función mediadora en la sociedad, el caso más claro es el reciente evento electoral, en el que la crisis de legitimidad del sistema partidario generó su rechazo por el electorado; es un fenómeno que se está repitiendo en muchos países de democracia representativa y que tiene como secuencia el aparecimiento de los populismos de izquierda o de derecha.

En nuestro país, la regulación del mercado es débil; sin embargo, la regulación de nuestros partidos políticos es mucho más débil. La conclusión a que deseo llegar es precisamente esta: Es necesaria una verdadera revisión del marco legal de los partidos políticos como una condición necesaria para que el sistema partidario pueda salir de la crisis de legitimidad que están sufriendo.

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