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El momento de las empresas

Para conocer la realidad económica de nuestro país es necesario hacer baños de pueblo. Hay una queja generalizada en esa encrucijada comercial: “las ventas están calmadas”. No hay oportunidades de trabajo.
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Cuando entras al santuario de un hogar salvadoreño se puede apreciar rostros compungidos por no tener para el sustento diario, algunos de sus miembros están sin empleos, deliberando diariamente cómo generar ingresos, colegiadamente acuerdan: pongamos un negocito para sacar por lo menos lo de la comida de nosotros. Ignorar este escenario es no vivir en El Salvador.

Crear un pequeño negocito es crear una microempresa y hay que apoyarlas, Demóstenes aseveraba: “Las oportunidades pequeñas son el principio de las grandes empresas”. Hay municipios que ya le apostaron a potenciarlas y están creciendo turísticamente y comercialmente, verbigracia, Nahuizalco en Sonsonate y Antiguo Cuscatlán en La Libertad.

Sabemos que la economía está en coma con respiración artificial y no le han podido descubrir la patología para poder darle de alta, por el momento la economía es de acuerdos.

Se comenta que hay negocios que están cerrando operaciones por no poder cubrir los costos fijos. Personas elucubrando determinaciones fatales sobre su existencia por no hallarle lado a la vida. Los rótulos “se alquila” y “se vende” se han proliferado. Rostros contrariados por no poder pagar sus obligaciones. Hay profesionales ejerciendo cualquier clase de trabajo para ganar algún dinero para paliar las necesidades básicas domésticas. Dentro de lo paradójico es que hay mendigos ayudándole a gente sana.

La grande, mediana, pequeña y microempresa es “una”, viéndola como un todo, dañar a cualquiera de ellas es afectarlas a todas, están concatenadas comercialmente. El hecho de que circulen muchos vehículos y motos en el país no es sinónimo de progreso, mucho menos de desarrollo.

La obligación de todo gobierno es galvanizarlas, es decir, reactivarlas, que estén a buen recaudo. Las muestras son indubitables, Alemania vela intensamente por las empresas. En este momento Argentina está apoyando bastante su movimiento comercial.

Hay que admirar a los empresarios salvadoreños de cualquier índole, son guerreros, resistieron las calamidades de la guerra y ahora están combatiendo contra las inclemencias de la adversidad y la paranoia de la inseguridad. José de San Martín dijo: “Para los hombres de coraje se han hecho las empresas”.

Hay un hipo afiebrado contra las empresas como si fueran las causantes de la crisis que vivimos, de muchas de ellas se desconocen los malabares que están haciendo para pervivir. Hay unas corajudas en nuestro país que están “más estiradas que un cordel de campanario” y así siguen luchando, quizás han leído el pensamiento motivador de Winston Churchill: “Si estás pasando por un mal momento, sigue adelante”. Este es el momento de las empresas, dentro de los acuerdos del gobierno y ARENA se prevé que pueden llegar a lograr una inmediata liquidez, que se va evaporar muy luego, por eso hay que agendar las necesidades de las empresas. Primeramente hay que darles un clima de seguridad, estabilidad e inversión en un ambiente de confianza. El procedimiento para establecer una empresa que sea sencillo y escueto. Pero no tenerlas asustadas, arredradas y presionadas.

Por enésima vez, las generadoras de impuestos, de trabajo, son ellas y es de Perogrullo manifestar de dónde se cancelan los salarios de los funcionarios de nuestro amado El Salvador, provienen de los tributos de las empresas. Desde un sorbetero que vende en la calle con su carretón, que es un microempresario.

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