El mundo actual nos pone ante grandes desafíos y a la vez nos ofrece oportunidades sin precedentes: actuemos en consecuencia

Como es notorio desde siempre, independientemente de las épocas y de las latitudes, los desafíos históricos traen aparejadas las oportunidades históricas.
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En el devenir nunca hay cortes abruptos: la cadena de las causas y de los efectos es la que administra la evolución, y los seres humanos tenemos por misión ir desentrañando el sentido de lo que pasa, sin perder de vista que la dinámica cronológica es en verdad expresión de vida; es decir, el tiempo sólo existe en la medida que funciona como destino, tanto individual como social. Al ser así, lo que corresponde hacer en cada momento evolutivo es reconocer la naturaleza de dicho momento, adobando tal reconocimiento con los ingredientes de la creatividad y de la proyectividad.

El Salvador ha tenido un desenvolvimiento histórico lleno de contrastes: en términos generales, su evolución ha estado marcada tanto por los estancamientos como por los impulsos renovadores. El estancamiento principal se ha dado en la forma de procesar el poder, que tradicionalmente ha estado sometido a intereses predominantes y negados a toda forma de evolución progresista; y los impulsos renovadores surgen del ámbito de la sociedad civil, como se vio en 1932, en 1944 y en 1980. Impulsos que tuvieron efectos de muy diversa índole, y cuyas interioridades y perspectivas deberían ser analizadas a fondo para poder entender de manera precisa y suficiente lo que ha venido pasando en el país desde hace largo tiempo.

La dinámica del presente nos tiene a los salvadoreños en una especie de prueba multidimensional, que multiplica los desafíos y reanima las oportunidades. Esto lo vemos reflejado elocuentemente en cuestiones tan vitales y tan complejas como la lucha por la seguridad y el imperativo de crecimiento económico, que son sin duda misiones verdaderamente cruciales para la institucionalidad y para la sociedad en todas sus formas. En lo que a la seguridad se refiere, encarar con efectividad los desafíos abre una amplia ventana de oportunidades; y en lo que toca al crecimiento económico, enfocar de manera sincera y desprejuiciada los desafíos es el mejor fertilizante para hacer fructificar las oportunidades.

Encarar con efectividad los desafíos de la seguridad implica dimensionar sin evasivas las tareas por hacer, sin dejar que factores coyunturales, como son por ejemplo los intereses políticos que se mueven en el día a día, traten de disfrazar la realidad a su favor, creando caricaturas que sólo conducen al autoengaño sistemático, que hace ver y sentir la realidad como un espacio cerrado. Y enfocar de manera sincera y desprejuiciada los desafíos del crecimiento económico es la única vía que puede conducir hacia una productividad verdaderamente expansiva al servicio del progreso y de la prosperidad. En otras palabras, en todos estos ejercicios lo que debe imperar es la inteligencia creadora y reproductora.

Hasta la hora presente, ningún argumento de la realidad ha sido capaz de mover voluntades de manera consistente y consecuente hacia el tratamiento eficaz de la problemática nacional. Es como si hubiera una barrera insalvable entre lo que es y lo que se percibe; y de seguro el factor determinante de esa actitud tan proclive a las distorsiones ha sido y sigue siendo el mecanismo histórico de negación, que trata de encubrir las realidades al gusto y según la comodidad malsana de los que están obligados a administrarlas. Pero afortunadamente la misma realidad está tomando posesión de sí misma por la vía del sentir ciudadano, cada vez más comprometido con su propio destino y con su propia situación.

Estamos ahora mismo en un momento decisivo de la evolución del país, en el que los problemas ya no admiten evasivas ni disimulos. La lógica de los tiempos que corren obliga inapelablemente, aquí y en todas partes, a asumir el compromiso de hacer las cosas debidas, y, sobre todo, de hacerlas a cabalidad y en forma oportuna, que es lo que históricamente ha faltado entre nosotros y por eso se nos han venido encima tantas calamidades evitables.
 

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