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El nuevo eje anglosajón

La llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos de América (EUA) estuvo precedida de otro acontecimiento trascendental: en Europa, los “primos” o “hermanos mayores” de los estadounidenses, aprobaron mediante votación popular la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), el llamado Brexit, destronando al gobierno europeísta de David Cameron e imponiendo como primera ministra a una política conservadora euroescéptica, Theresa May. Toda la plana mayor de su staff tiene posiciones coincidentes con el nuevo presidente estadounidense, comenzando por el líder ultra del Partido de la Independencia del Reino Unido, Nigel Farage, el primer político británico a quien saludó como presidente electo Donald Trump.
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Se trata de contrarrestar una estrategia que apenas se alcanza a vislumbrar pero que ya tiene visos de caminar con pie firme: una recomposición de la UE como bloque, que intentará convertirse en un primus inter pares para negociar su lugar en la geopolítica mundial con Estados Unidos, Rusia y China.

Se prevé que después de las elecciones en Francia y Alemania, se fortalecerán los políticos europeístas. Pues a pesar de la popularidad que goza Marine Le Pen, la líder ultraderechista francesa, es probable que el próximo presidente de Francia sea François Fillon, candidato apoyado por el centro y la derecha francesa, que simpatiza masivamente con su “revolución conservadora”, liberal en lo económico, derechista en lo social y cultural.

En Alemania por su parte, el nombramiento del socialdemócrata Martín Schultz como candidato a la Cancillería ha tenido una espectacular resonancia, porque se trata de un europeísta convencido que ha sido presidente del Parlamento Europeo, y por su biografía “fuera de serie” que conecta con el ciudadano de a pie, es un exalcohólico y suicida frustrado redimido gracias a su militancia política socialdemócrata.

Fillon y Schultz estarían unidos por su identidad europeísta, sus recelos hacia Rusia y su oposición a las medidas proteccionistas de Trump y Gran Bretaña.

El presidente estadounidense ha expresado sus elogios al Brexit del Reino Unido y ha predicho que otros países europeos se saldrán de la UE. Respecto a las relaciones con Gran Bretaña, los titiriteros de la política anglosajona están encantados de presentar a Trump y Theresa May como un remake de la pareja que hizo la revolución conservadora en los años ochenta del siglo pasado, Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

El viejo lobo de la política conservadora estadounidense, Henry Kissinger, quien se ha convertido en visitante frecuente de la Torre Trump, apuesta por ofrecer a los británicos un “trato justo”, que los ayude a superar las dificultades de su renuncia a la UE y que los inserte en un eje comercial del Atlántico Norte, donde convergerían tanto Canadá como EUA y Gran Bretaña, y donde México saldría sobrando, lo cual explicaría en parte el sentimiento antimexicano de Trump que ha convertido al país azteca en una especie de pelón de hospicio de su política exterior.

El propósito de este enroque sería consolidar la esfera anglo-atlántica en el antiguo emplazamiento de la UE, mediante un eje Ottawa-Washington-Londres, como un bloque proteccionista frente a la vieja Europa; así como de protagonizar la hegemonía mundial que le dispute a China su preponderancia económica y a Rusia su poderío atómico.

La hora de los WASP (White Anglo Saxon Protestant) parece haber llegado.

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