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El octavo mandamiento

En su artículo “Tesoros históricos de la Iglesia cristiana” del 19 de agosto, el Sr. Rafael Mejía Scaffini proporciona datos que no concuerdan con los míos ni con la historia.
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El octavo  mandamiento

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<br /><p>Es cierto que la Septuaginta o “ Versión de los 70” es el escrito en griego más antiguo de lo que hoy conocemos como Biblia y que fue completado alrededor de 150 a. C. Lo demás … no.</p><p>Lo que en realidad me hizo saltar de mi asiento es la afirmación: “El orden establecido por la Septuaginta prevaleció durante 15 siglos sin discusión y fue entre 1545 y 1563 que El Concilio de Trento impone siete nuevos libros en el canon del antiguo testamento”. </p><p>A estos libros la Iglesia romana les llama deuterocanónicos (segundo canon) y la Iglesia protestante apócrifos (sin soplo divino). Jerónimo, que tradujo la Biblia al latín versión conocida como la Vulgata, manifiesta la diferencia evidente de inspiración y del valor espiritual entre los libros canónicos y no canónicos o apócrifos. La incorporación de estos siete libros hace parte de lo que se conoció como la “contrarreforma” que surgió para frenar el avance del protestantismo y justificar algunos dogmas rechazados por los europeos.</p><p>Lo anterior deja en la mente que la Iglesia católica se inventó esos siete libros y los impuso. (La Iglesia no impone nada ni inventa escrituras sagradas). Estos siete libros están ligados a la historia precristiana del pueblo judío, que siempre ha celebrado y celebra aún el “Purim” que está descrito en Ester 9, 26 y 27, uno de los “apócrifos” y también celebran JANUCÁ o Reinauguración del templo el día 25 de kislev (diciembre), descrito en I Macabeos 4:56-59, ¡otro “apócrifo”! En otras palabras, estos libros siempre estuvieron en la Septuaginta (desde 150 a. C.), de modo que Jesucristo, sus apóstoles –incluyendo a San Pablo– leían esta versión (con “apócrifos”) ¡porque no existía otra! Cuando Pablo le dice a Timoteo: “Toda escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia” (II Tim. 3, 16), ¡hubiera dicho menos siete! </p><p>Estas se siguieron leyendo por esos 15 siglos hasta que apareció Lutero. La Biblia se empezó a mutilar en 80 d. C. Un grupo de rabinos, la Masora, se reunió en Jamnia y, con odio al cristianismo y a los griegos, eliminaron los libros escritos en griego y los escritos después de la invasión griega por Alejandro (333 a. C.); ahí se fueron estos siete libros. Por esa época el griego era el idioma universal (como ahora el inglés) por eso estaban en griego, igual que los libros del nuevo testamento (excepto Mateo). Por la diáspora, había más judíos que hablaban griego que los que hablaban hebreo. </p><p>De todos modos, entre los judíos conversos se creó confusión hasta 393 d. C. en el Concilio de Hipona, donde se declaró que todos los libros eran inspirados. San Jerónimo terminó su Vulgata en 382 d. C. en medio de la mencionada confusión. Nunca hizo juicios de valor sobre la autenticidad de los deuterocanónicos. </p><p>Después de Hipona se plegó a esa disposición. Lutero (por 1520) aprovechando el juicio masorético de Jamnia elimina los mismos siete libros porque, casualmente, contradecían su nueva doctrina (detalles en otra ocasión). Entonces, el Concilio de Trento reafirma lo declarado en Hipona. Apócrifo no quiere decir “sin el soplo divino”, sino “lo oculto”.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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