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El oficio del ciudadano

El libro del Prof. Manuel Alcántara “El oficio de político”, que habla del papel de los políticos, me hizo cuestionarme, ¿por qué siempre les exigimos únicamente a ellos que hagan una diferencia? ¿qué pasa con nuestro “oficio”?
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El artículo 83 de nuestra Constitución indica: “La soberanía reside en el pueblo”. Somos nosotros quienes tenemos todo el poder para hacer algo, pero preferimos cerrar los ojos e ignorar nuestra responsabilidad.

Diferentes factores nos han hecho dudar de nuestro papel en la sociedad. Diariamente somos bombardeados con noticias desmotivantes, como el exceso de violencia o la aparente inclinación general a la corrupción. Han logrado restringirnos no solo físicamente, sino que también han afectado nuestras mentes y corazones, causando incluso que varios decidan irse del país y cambien su realidad, olvidando que, independientemente de donde estemos, la sangre en nuestras venas será siempre fiel a esta tierra.

Por eso es nuestra responsabilidad no solo hacer un mejor El Salvador para nosotros, sino que mejorar nosotros para El Salvador. Aunque no es la solución, hay tres puntos que nos ayudarán en esta tarea: cero mediocridad, cero tolerancia y buena voluntad.

Al hablar de “cero mediocridad” es una invitación a salir de nuestra zona de confort. Me refiero a un compromiso interno de no conformarnos y siempre aspirar a más, es decir, cuestionarnos y retarnos, que de alguna forma interioricemos la frase “Si solo hacemos lo que podemos, nunca seremos más de lo que somos”.

Por ejemplo, los interesados en ser funcionarios públicos deben recordar que el primer acto de corrupción es aceptar un cargo para el cual no se es capaz. Mientras mejores seamos, menos espacio habrá para los incapaces.

Según el FMI, es casi el 2 % del PIB global lo que se pierde por la corrupción. Esta es una razón para ser “cero tolerantes” con la corrupción, así como con la injusticia, con la discriminación, con la desigualdad, y con la indiferencia. Como dice Carl Sagan: “Podemos juzgar nuestro desarrollo por el coraje de nuestras preguntas y la profundidad de nuestras respuestas, así como por nuestra voluntad de encarar lo que es cierto en lugar de lo que se siente bien”.

Y aunque es necesario que nos involucremos en la política, no hay nada más importante que el impacto que creamos en nuestra realidad. Algo tan simple como: ¡Ser amables los unos con los otros! ¿Se imaginan lo diferente que fuera el mundo, si recordáramos esto constantemente?

Cada “buenos días”, cada “gracias”, cada “por favor” cuenta para crear un ambiente sano y cordial con nuestros iguales. Necesitamos apoyarnos y empoderarnos, porque solo unidos lograremos mejorar el país en el que vivimos. Demostremos que no es necesario pisotear al otro para triunfar y que el bienestar es mejor cuando es de todos.

Por eso, aún cuando sintamos que con cada paso que damos para adelante, son tres para atrás, no debemos desanimarnos. El progreso siempre tiene sus baches, pero con la ayuda de los soñadores, de los atrevidos, y de la mano de la esperanza, podemos hacerlo nuestro. Como dijo Robespierre: “Se puede abandonar a una patria dichosa y triunfante, pero amenazada, destrozada y oprimida no se le deja nunca; se le salva o se muere por ella”.

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