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El origen de las libertades en Occidente

Muchos historiadores coinciden en que Occidente es el resultado de tres grandes influencias: Atenas con el pensamiento filosófico y el conocimiento racional, Roma con las instituciones políticas y jurídicas, y Jerusalén donde convergen judaísmo y cristianismo, de cuyos aportes éticos y sapiensales seguimos beneficiándonos hasta ahora.
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El cristianismo definió de una manera mucho más precisa el concepto del bien y el mal, y esto ha ayudado a renovar y elevar las conciencias; asimismo, permitió esclarecer y resolver el conflicto entre la conciencia y la naturaleza humana que tiende al mal, conflicto que ha estado presente en toda cultura. Se convirtió en una especie de parámetro moral o, si habláramos en lenguaje freudiano, en algo así como el súper yo del Occidente.

Los principios cristianos de amor y respeto al otro, por ejemplo, están en las conciencias de las personas y se han convertido en universales. Estos, sin darnos cuenta, juegan un rol importante en el desarrollo de nuestras libertades individuales. Es por ello que, si bien es cierto nuestras leyes inducen a obedecer y someternos a la autoridad del Estado, este sometimiento tiene sus límites en la conciencia de los ciudadanos, debido a una ley mayor que establece que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 5.29). Esto explica por qué en Occidente es donde mayor consenso existe en condenar la represión, la tortura o las privaciones de libertad por parte del Estado; o la miseria, la explotación y las injusticias en el ámbito privado.

Otra área de influencia la encontramos en el desarrollo de la libertad económica y el espíritu emprendedor, a lo cual se refirió el sociólogo alemán Max Weber en su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo, que ha permitido a muchos el acceso a la propiedad privada, ingrediente indispensable para la salud mental y el sostenimiento de las democracias. Al respecto Konrad Lorenz, etnólogo y biólogo, afirma: “El instinto de posesión está profundamente enraizado en la psiquis y aspiraciones individuales, pues en su propio territorio, cada hombre se siente invulnerable, porque él es su propio dueño”. Todo esto se sustenta en el libro del Génesis, donde Dios indica al hombre de tener dominio en la tierra: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Ge.1.28).

Asimismo, podemos mencionar el consenso alrededor del manejo del Estado con base en derecho, así como la división de poderes como garantía para la defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos. Esto se ha logrado a través de la concepción del Derecho Natural, que sostiene que el derecho es inherente a la naturaleza humana. Cicerón afirmó al respecto: “Nosotros somos servidores de la ley para poder ser libres”.

Estos y otros muchos aportes se los debemos al cristianismo, el cual contó desde sus orígenes con abundantes mártires, quienes ofrendaron sus vidas para que nosotros disfrutemos ahora de muchas libertades, y esta es la razón fundamental de por qué en Occidente, a diferencia de otras regiones del mundo, seguimos experimentando la sensación de libertad, la cual debemos reconocer, apreciar, reforzar y no dejárnosla robar.
 

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  • cristianismo
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