El país está necesitando con apremio que los salvadoreños nos unamos en torno a un proyecto nacional

Cada vez que nos asomamos al panorama nacional, independientemente de los momentos y de las circunstancias, lo primero que resalta es la sensación de estar en un ambiente cargado de incertidumbres y de pesadumbres.
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El país está necesitando con apremio que los salvadoreños nos unamos en torno a un proyecto nacional

El país está necesitando con apremio que los salvadoreños nos unamos en torno a un proyecto nacional

El país está necesitando con apremio que los salvadoreños nos unamos en torno a un proyecto nacional

El país está necesitando con apremio que los salvadoreños nos unamos en torno a un proyecto nacional

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Si nos ponemos en perspectiva hacia lo que hemos vivido en distintas etapas de nuestro pasado inmediato, tal sensación no tendría por qué estar aquí con tanta fuerza y con tanto desenfado. La verdad es que El Salvador viene moviéndose dentro de una estabilidad política que no tiene precedentes, porque hoy, a partir del final del conflicto bélico, en el escenario legal se mueven y compiten libremente todas las fuerzas, y la mejor prueba de ello es que se dio la alternancia en el ejercicio del poder sin ningún trastorno estructural. Esto hay que valorarlo en lo que significa.

¿Por qué, pues, pareciera que los salvadoreños, como conglomerado de nación, no encontramos el rumbo cierto hacia la seguridad, la estabilidad y el desarrollo? Todo parte de un problema de enfoque y de método. Falta un enfoque de carácter verdaderamente nacional y un método también de carácter nacional. En ambos sentidos ha habido siempre en el ambiente una gran falta de interés definitorio y de disciplina conducente.

Alguien muy experimentado me decía alguna vez al tratar temas de esta índole, que han venido estando en mi agenda reflexiva desde siempre: “Es que a los salvadoreños nos gusta flotar en las aguas de la realidad y nunca nos animamos a bucear en ellas; y es en las aguas profundas donde están los mayores tesoros y los máximos peligros”. Cierto o no, lo que la misma realidad fluvial, lacuestre y oceánica nos viene demandando cada vez con más apremio es que nos animemos a reconocer sus aguas tanto superficiales como interiores, tanto fluyentes como remansadas, para poder saber y entender qué experticias y fórmulas necesitamos para desplazarnos satisfactoriamente por todas aquéllas.

Se requeriría una depuración de enfoques sobre nuestra problemática, en especial la más decisiva y acuciante; y al mismo tiempo se haría preciso una inteligente determinación de métodos para encarar los diversos componentes de dicha problemática. Ninguna de esas tareas puede ser exclusiva de nadie, porque la realidad como tal tampoco es nunca patrimonio de nadie. Aquí tenemos uno de los puntos clave del buen proceder: ajustarse a la realidad para proveer tratamientos adecuados a lo que esa misma realidad necesita y demanda.

Puestas así las cosas, se ve sin mayor dificultad que lo que se está exigiendo, en primer término, es racionalidad básica desprejuiciada. El tema no es ese pulso infinito entre la izquierda y la derecha, que además como tales están muy necesitadas de reciclajes revitalizadores ya en un plano de relatividad que a ambas les da ñáñaras. Los problemas de fondo vienen del fondo de la entraña nacional, y desde ahí hay que seguirles la pista con iluminaciones inteligentes y consecuentes. Desde esa perspectiva, que es la única que puede dar buenos resultados, hay que hacer la tarea.

Sólo un proyecto nacional de modernización plena y de desarrollo integral puede conducirnos por la vía segura. Modernización plena, que abarque desde luego las conductas y las visiones políticas; desarrollo integral, que comprenda todas las facetas actualizadas de la productividad y de la competitividad. Dejando a un lado las neuras que tanto contaminan el ambiente, no se ven dificultades mayores para que dicho proyecto nacional pueda ser encarado y configurado para echarlo a andar.

¿Cuánto tiempo más vamos a seguir esperando, sin ninguna justificación atendible, para emprender este esfuerzo que es de necesidad elemental y está más allá de cualquier cuestionamiento de base? El reloj camina cada vez más rápido, y perder minutos es la apuesta más irresponsable de todas.

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