Lo más visto

Más de Opinión

El país necesita restaurar la credibilidad en todos los órdenes para enfilarse de veras hacia un futuro estable y seguro

No se necesitan más argumentos para entrar permanentemente en razón que aquéllos que ya están haciéndose sentir de diversas formas y por distintas vías. Las expresiones sociales para exigir que el Estado cumpla con sus obligaciones en temas como los escalafones se hacen cada vez más intensas...
Enlace copiado
Enlace copiado
Luego de bastante tiempo de estar inmersos en la más confusa incertidumbre sobre la forma en que las finanzas públicas podrían ir saliendo de su crisis acumulada, se comienzan a ver algunos signos de que es posible desatar nudos y avanzar hacia una situación más normal y llevadera. Evidentemente el Gobierno ha estado con el agua al cuello, en buena medida por sus propias deficiencias en el manejo de una realidad frente a la que ya no bastan las artificiosas maniobras tradicionales; y llegar a tal estado de cosas era previsible porque cuando no se tiene el cuidado de mantener y cuidar el balance entre lo que se recibe y lo que se gasta las consecuencias desestabilizadoras no se hacen esperar. Ir dependiendo cada vez más del endeudamiento progresivo es una trampa en la que se cae sin remedio. En ésas hemos estado.

Ahora, la misma fuerza implacable de las circunstancias ha hecho que se comiencen a considerar en serio vías de normalización que pasan sin duda y sin alternativa por el ordenamiento de todo el comportamiento público, que debe ceñirse en todo caso a una disciplina de responsabilidad sin excepciones. Lo que se acordó el jueves pasado respecto a una primera etapa de flotación fiscal pudo haberse definido desde hace mucho, pero se ha perdido tiempo precioso en los forcejeos intransigentes, que por supuesto nunca conducen a nada; lo que se requiere hoy es que la sensatez le tome de veras el puesto a los atrincheramientos de toda índole, para que se fortalezca la credibilidad del país tanto en lo interno como en lo internacional.

No se necesitan más argumentos para entrar permanentemente en razón que aquéllos que ya están haciéndose sentir de diversas formas y por distintas vías. Las expresiones sociales para exigir que el Estado cumpla con sus obligaciones en temas como los escalafones se hacen cada vez más intensas, la baja persistente en la calificación del país encarece la deuda que se necesite contratar, la falta de un respetuoso equilibrio de poderes en la estructura del Estado envía señales muy preocupantes desde cualquier ángulo que se le mire, y desde luego resulta muy dañina la percepción generalizada de que la suma de factores adversos hace que El Salvador carezca de la confianza básica como destino de inversión suficiente y expansiva.

Como lo hemos reiterado con insistencia, hace ya mucho que es hora de que las fuerzas políticas y sus liderazgos se decidan de veras a dar un ejemplo consistente y sostenido de análisis sincero y franco de la problemática que enfrentamos los salvadoreños en conjunto. Hay que quitarse todas las telarañas ideológicas y sostener las normales diferencias como factores de saludable interacción. Precisamente ahí está una de las sabidurías funcionales de la democracia: lograr que la variedad de posiciones contribuya a enriquecer las sucesivas respuestas que hay que darles a los problemas concretos. En otras palabras, hay que entenderse manteniéndose firme, en el entendido de que firmeza no significa intransigencia ni mucho menos ceguera.

Para que pueda cambiar en serio la percepción que se tiene sobre las posibilidades reales del país tanto en el interior como en el exterior es clave que se dé un giro dramáticamente constructivo en todas las conductas nacionales. El que quiere puede, dice la sabiduría popular; y ahora se trata de que todos los actores nacionales quieran moverse hacia los planos de la racionalidad, para cumplir con la tarea que les corresponde dentro del quehacer democrático.

Tags:

  • acuerdos
  • politica
  • economia
  • crisis fiscal

Lee también

Comentarios