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El país que no avanza: se atasca

Escuchaba en una tertulia profesional que los problemas que aquejan al país son iguales y de mayor intensidad que los de hace casi 25 años, cerca de los Acuerdos de Paz (enero de 1992).
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Meditaba al respecto y me recordaba de aquella temática que me ocupó mucho tiempo, “Un país al revés”, inspirada en “Patas arriba, la escuela del mundo al revés” de Eduardo Galeano, y es porque en este país se celebran acuerdos en procura de una paz y lo que acontece es una diferente guerra; algo parecido al alivio de una enfermedad terminal con un tratamiento que no extermina la bacteria que lo provoca.

En este país se ha postergado por siempre invertir en educación, prefieren gastar después millones en seguridad. Definitivamente caminamos al revés, no sabemos si vamos o venimos y porque que no nos han dicho que estamos muertos. No existe voluntad para nada, ni siquiera para levantar la cabeza y tratar de divisar un porvenir. Diagnósticos sobran, también soluciones, que se concretarían, siempre y cuando los que deciden quieran hacer a un lado los votos, sus intereses mezquinos y decidan actuar con una pizca de sana voluntad individual en procura de un bienestar social.

Hace 25 años los problemas de la corriente real y financiera tenían el mismo comportamiento con magnitudes diferentes, el declive cultural es en el presente más pronunciado, la mala distribución del ingreso y la injusticia persisten. La delincuencia, la drogadicción, la agitación social, el resentimiento, la polarización, la corrupción, el enriquecimiento ilícito, la impunidad, la falta de cultura, los bajos niveles de educación, son deformaciones que se agigantaron. Todo el espectáculo continúa, pero con matices, magnitudes y actores diferentes.

Simplificando el tema, por respeto a la mayoría de lectores. Un país se puede decir que ha avanzado si ha alcanzado mayores niveles de educación, generación de empleo y calidad de vida (ingresos suficientes y acceso a: alimentos, agua, servicio de salud, vivienda), si no fuese ese el caso: “no ha logrado avanzar y por el contrario puede retroceder un cuarto de siglo”.

La desigualdad en la distribución del ingreso debe hacernos cuestionar el destino del crecimiento económico (crecimiento para quién?). Si la respuesta es que ha beneficiado a los más ricos (evasión y elusión fiscal) por tradición y por siempre, y a los nuevos ricos, que sin duda el lector sabrá quiénes son, no se ha logrado un movilidad social, con la excepción de la oportunidad potencial de la migración de los salvadoreños. La desigualdad no es funcional e inhibe el crecimiento y la estabilidad democrática, aseguran expertos. Una premisa en el caso de El Salvador, resulta afectado por la disparidad del ingreso y se ha vuelto una causa estructural más y una limitante del crecimiento y del desarrollo.

Existe una concentración del ingreso y una pésima calidad de vida que siempre será caldo de cultivo de resentimiento. Trabajo relativamente reciente de UNICEF por Isabel Ortiz revela que en los años 2007/2008 el 20 % más bajo de la población poseía aproximadamente el 4 % del ingreso y el 20 % más alto poseía el 52 %. Existen versiones que afirman que la concentración es mucho mayor que la citada y graficada se asemeja a una copa de champán (autora citada). Se especula que estamos a las puertas de un Acuerdo nación y una especie de pacto fiscal, previo a una negociación con el FMI, ojalá que esta vez las negociaciones redunden en una estabilidad económica, un crecimiento y una paz perdurable.

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