Lo más visto

Más de Opinión

El país que tenemos y el que anhelamos

Algunos líderes políticos en el mundo están continuamente en un estado de victimismo crónico: encuentran culpables, deforman la realidad y no conciben la autocrítica.
Enlace copiado
Nathalie Schwartz / Economista

Nathalie Schwartz / Economista

Enlace copiado

Otros, generalmente muy elocuentes, sufren del síndrome de adicción al poder o síndrome de “Hubris”: “la palabra proviene del griego ‘Hybris’ y refiere a la descripción de un acto en el cual un personaje poderoso se comporta con soberbia, arrogancia y con una exagerada autoconfianza”. La experiencia del poder por veces los corrompe, los intoxica, asimismo les hace creer que son capaces de grandes obras y que lo saben todo.

Los líderes políticos que han gobernado El Salvador estos últimos años han compartido algunos de los rasgos descritos anteriormente, pero el resultado de esos sucesivos liderazgos es el país que tenemos. Un país violento, que padece de civismo y de convivencia ciudadana, con una población desamparada y agobiada.

El país que anhelamos dista mucho del país que tenemos. Y los nuevos liderazgos políticos que El Salvador reclama tienen que dejar la culpa así como la soberbia injustificada y emprender el camino correcto con simplicidad y humildad. Los salvadoreños están cansados de los incesantes y falsos antagonismos de los distintos gobiernos cuya conducta ha compartido a lo largo de los años el disponer del Estado para beneficio de intereses privados/oscuros y partidistas.

El Salvador necesita líderes políticos y funcionarios honestos, íntegros, competentes y que no se dejen intoxicar o corromper por el poder. Líderes que quieren transformar El Salvador en un país menos desigual, seguro, educado, pacífico y de oportunidades para la mayoría. Líderes que no se sometan a intereses oscuros/privados/partidistas y a una aritmética legislativa que ha permitido una gobernabilidad mezquina, desatendiendo y dañando a la población.

Nelson Mandela dijo: “Una nación no debe juzgarse por como trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por como trata a los que tienen poco o nada”. En lo anterior, El Salvador, como nación, ha fallado.

El país requiere líderes políticos dispuestos a asociarse con el sector empresarial amplio (micro, pequeño, mediano y grande) para diseñar estrategias productivas que impulsen el desarrollo económico del país y mejoren la productividad de las empresas. Líderes políticos capaces de combatir frontalmente la corrupción, la evasión/elusión fiscal y pactar una reforma fiscal integral con un sistema tributario más solidario y progresivo, pese a posibles amenazas y chantajes. Líderes determinados en reformar el Estado para que este sea menos burocrático y más ágil. Líderes comprometidos con mejorar la calidad de vida de los salvadoreños (viviendas dignas, espacios de esparcimiento, transporte público adecuado) y priorizar los recursos para invertirlos en servicios básicos dignos (energía eléctrica y abastecimiento continuo de agua potable a toda la población, asistencia médica y establecimientos educativos públicos de calidad, alumbrado público). Líderes determinados en formar gabinetes de gobierno idóneos realmente competentes y desprovistos de nepotismo/clientelismo. Líderes dispuestos a servir y no a servirse.

Líderes que rechacen el “Hubris”, la confrontación y el victimismo crónico y que transformen, con humildad, el país que tenemos en el país que anhelamos, la gran mayoría.

Lee también

Comentarios