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El país que viene y la transformación de la política

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Camila Romero Coautora de El País que viene

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Confusión, desorientación, ansiedad y desesperanza son los estados que evidencia actualmente a la mayoría jóvenes salvadoreños frente a una realidad social que los aplasta por su cruel crudeza, marcada por más de una decena de muertes diarias, en su mayoría menores de edad, una tasa de desempleo que alcanza los dos dígitos porcentuales de la población económica activa y con una graduación anual de más de 100,000 bachilleres que en su totalidad pasarán a formar parte del ejército de “ninis”, jóvenes que ni trabajan ni estudian.

Esta realidad la he visto en los ojos sufridos y sin esperanza de muchos jóvenes en las comunidades que he visitado, durante mi experiencia en las zonas urbanas y las veredas rurales de los 19 municipios de San Salvador y otras zonas del país. La herencia más nefasta que nos dejó el conflicto armado son las ciegas ideologías que enarbolaban los bandos enfrentados, cuyos protagonistas cambiaron los fusiles y las balas por los discursos dogmáticos que han envenenado la mente de los salvadoreños, promoviendo una cultura de choque permanente, que frena todas las iniciativas para sentar las bases del cambio social y las oportunidades para desarrollar de un proyecto de vida para la juventud.

Es alarmante el desinterés de los jóvenes por transformar su realidad ante la impotencia, debido a tanta lucha frustrada por el bien común y un mundo mejor. Me impacta esta actitud conformista porque siempre el mejor indicador que ha identificado a la juventud es su energía, su impetuosidad, su deseo de vivir y su deseo transformador.

La política pide un esfuerzo que implica la formación de la conciencia. Una persona superficial, tibia o indiferente o que se preocupe excesivamente por el éxito y la popularidad, jamás será capaz de ejercer adecuadamente su responsabilidad política.

La toma de conciencia política nos lleva a establecer una relación con Dios. Este nuevo estado de conciencia supone también una nueva visión social y cultural. Requiere dejar nuestro espacio de comodidad para trabajar de modo comprometido en favor de los intereses y las necesidades de quienes nos rodean, aunque suponga riesgos y sacrificios, para lograr el bien común de todos los salvadoreños sin ningún tipo de discriminación. El FMI manifiesta que el bajo crecimiento económico de El Salvador es un problema reiterado desde el año 2000, que han vivido cuatro gobiernos, en los cuales el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) ha tenido un promedio de 2 % en 15 años, por debajo del promedio de la región de Centroamérica de 4.5 %.

Según estimaciones del organismo internacional, El Salvador puede lograr mejores tasas de crecimiento si se logran acuerdos, más allá de la polarización, que pueden llevar a superar las proyecciones del PIB de 2.4 % en 2017. El desmontaje de la polarización constituye el ineludible primer paso que debemos dar con firmeza y audacia. Para ello, es de fundamental importancia que los jóvenes identifiquemos las trampas dogmáticas que a lo largo de dos siglos han polarizado y dividido la sociedad

Los jóvenes debemos contribuir a construir un pacto social alrededor de un proyecto de nación, que recoja las justas aspiraciones de todos los sectores con verdadera vocación democrática para concretar el sueño de un país con libertad y solidaridad, un país que nuestros hijos y las nuevas generaciones se merecen.

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