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El panorama político internacional se halla hoy más recargado de incertidumbres que en ningún otro momento del pasado reciente

Es en verdad un cruce de incertidumbres que mantiene a la humanidad en vilo. Y esto se traduce de manera inmediata en trastornos políticos que hasta hace poco hubieran parecido de imposible surgimiento.
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La era de la globalización es un tiempo de aperturas en todos los sentidos, y eso opera tanto en lo positivo como en lo negativo. Así como hay ahora un sinnúmero de oportunidades que en otras circunstancias hubieran sido inimaginables, el cúmulo de las incertidumbres, los trastornos y las ansiedades también se expande por todas las latitudes creando impactos diversos en zonas y países. Este es un fenómeno al que nadie puede escapar y al que todos tenemos que darle la cara con nuestras respectivas peculiaridades tanto de origen como de desarrollo. Lo cierto es que vivimos en un mundo crecientemente intercomunicado y por ende constantemente interactivo. Todos, de alguna manera, participamos en la suerte de todos.

En este momento, las incertidumbres circulantes no sólo se refieren a lo que puede pasar de aquí en adelante sino también a los efectos de lo que está pasando actualmente. Es en verdad un cruce de incertidumbres que mantiene a la humanidad en vilo. Y esto se traduce de manera inmediata en trastornos políticos que hasta hace poco hubieran parecido de imposible surgimiento. En el campo de la política esto se hace sentir muy angustiosamente, porque en muchos lugares hasta hay amenazas ciertas de inviabilidad institucional. Lo más revelador es que este tipo de fenómenos, como hemos señalado en otras ocasiones, ya no respeta ninguna frontera entre desarrollo y subdesarrollo, y más bien se hace patente el hecho de que los problemas más agudos al respecto se están dando hoy en el mundo desarrollado.

Casos como el de la salida del Reino Unido de la Unión Europea dan mucho qué pensar. En el Reino Unido la participación en la Unión Europea siempre despertó muchas reservas internas, y decidir al respecto requería sin duda un esquema que no fuera ocasional; pero pasar al referéndum fue cosa más impulsiva que reflexiva y así, por una mayoría ínfima, se define una cosa tan sustancial. Todo este fenómeno es un ejemplo de improvisación inmadura. ¿Cómo explicárselo? Otro caso es el de España, con el surgimiento de nuevas fuerzas políticas que ha puesto en jaque al sistema. Y en Estados Unidos los tonos de la campaña presidencial actual son de muy mal presagio. Cualquiera podría preguntarse con razón: ¿Qué está pasando en el mundo?

De seguro esa pregunta es la que más incertidumbres genera. Y al ser un mundo global como el del presente la pregunta y la respuesta hay que hacérsela y respondérsela en todas partes, sin distingos de ninguna índole, porque al final de cuentas hoy todo lo que pasa en cualquier lugar de alguna manera acaba por afectarnos a todos, para bien o para mal, según las condiciones y circunstancias de cada quien.

En el caso específico de nuestro país, las principales incertidumbres derivan de no contar con un proyecto nacional que le dé visibilidad certera al desenvolvimiento del proceso que llevamos en marcha. La racionalidad viene siendo sustituida por la retórica, y ya sabemos que las palabras van y vienen si no tienen un asidero firme en los propósitos que las sustentan.

Hay que trabajar mucho y en serio para frenar constructivamente las incertidumbres tanto internacionales como nacionales. Habría que proponérselo y actuar en consecuencia, para evitar males mayores.

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