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El papa de los besos

“Cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido”, dijo el papa.
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Ya se va viendo que la marca personal del nuevo papa Francisco es el cariño, el cual no tiene miedo de mostrar por medio de variedad de formas: acariciando mascotas o bendiciendo en silencio a los más de 6,000 periodistas, acción que dejó sorprendidos a propios y ajenos por su actitud respetuosa acompañada de fina tolerancia.

Pero lo más inesperado fueron los besos que comenzó a repartir desde su primera reunión con los diplomáticos, jefes de Estado y de Gobierno, cuando hacían fila para saludarle la primera vez: a la madre del presidente Correas y al hijo pequeño del presidente Lovo y otros. Los medios de comunicación también dan cuenta que trajo a Roma su costumbre de besar los pies a jóvenes de las cárceles durante la conmemoración del Jueves Santo, en un ritual simbólico inspirado en el lavatorio de Cristo a sus apóstoles (Misa in Coena Domini).

Es conmovedor el llamado insistente del papa Francisco a favor de cuidarnos mutuamente y en especial a los más pobres de los pobres: “Cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen Herodes que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer”.

Es admirable también verlo tomar inspiración de la figura de San José, de quien aprende a ser pastor, padre, esposo y “custodio”, señalando que esto último significa: “Escuchar a Dios, dejarse guiar por su voluntad, y, precisamente por eso, ser más sensible aún a las personas que se le han confiado, saber cómo leer con realismo los acontecimientos, estar atento a lo que le rodea, y saber tomar las decisiones más sensatas (...) Corresponde a todos custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra San Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos… Custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que es un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos”.

Custodiar es también “cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura”.

Para los próximos años, el sucesor de Pedro dice: “También el papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio…” Tengo el honor de estar en Roma para Pascua. ¡Felicidades!

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