El poder de la unidad

<p>En el año 1994 Nelson Mandela acoge la batuta de Sudáfrica como el primer presidente negro en el país; veintiocho años de prisión no pudieron atenuar el ardor y la determinación que escoltaban su ideal de una Sudáfrica unida y fuerte. Esta perspectiva no se presentaba sino ilusoria al heredar un país dividido por arraigados prejuicios y rencores raciales. La posibilidad de que desembocara una guerra civil pendía como espada de Damocles sobre su recién estrenada presidencia.</p>
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<p>Fue su visión, al barajar entre las alternativas para hacer frente a esta tortuosa situación, la que sorprendió y conmovió al mundo; a un mundo escéptico, prejuicioso y falto de esperanza. Era una visión que trascendía, una visión que penetraba y removía las más profundas fibras sociales del país, hasta la fecha sentenciadas inflexibles. Se trataba de una visión de unir a través del deporte a un país anclado en el apartheid: el rugby, considerado hasta entonces un símbolo más de la dominación de los blancos en el país y un deporte con el cual los negros naturalmente no se sentían identificados.</p><p>Siendo el mismo Nelson Mandela una incipiente personificación de esperanza para los negros del país decidió arriesgar y apostarlo todo a la integración apoyando un deporte que respaldaba la identidad de los blancos. Sin escatimar esfuerzos perseveró ante la inicial resistencia y mantuvo la mente y el corazón puestos en esa visión que representaba la única posibilidad de una Sudáfrica unida.</p><p>Se reunió con el capitán del equipo, Francois Pienaar y consiguió infundir en él la magnitud de la misión que su equipo está a punto de protagonizar. Nelson Mandela sabía que solo un país unido podía ser fuerte y prosperar. Tenía claro que solo trabajando todos juntos Sudáfrica se consolidaría en una democracia y posibilitaría la estabilidad social y económica de la que no podía prescindir por mucho tiempo más.</p><p>Su genuino interés por el bienestar del país, su férrea fe en este proyecto y la tenacidad y el esfuerzo de aquellos que compartieron su visión empezó entonces a extenderse y a contagiar a sus compatriotas negros en la forma del rugby. La esperanza comenzó a florecer hasta que milagrosamente desembocó en un estadio que retumbó de vítores de negros y blancos al unísono apoyando un mismo equipo y ultimadamente una nueva etapa política, social y económica en la historia del país.</p><p>Los problemas a raíz de las divisiones políticas y sociales que acechan a un país siempre se reproducen en perjuicio de sus posibilidades de un desarrollo sostenible. Ante la depredadora persecución de intereses personales difícilmente se puede luchar acertadamente y con fuerza por un bienestar que incida positivamente a escala nacional. </p><p>Se requiere de un liderazgo ejemplar, incluyente y genuinamente comprometido de parte de los funcionarios públicos, pero también de un fuerte sentido de responsabilidad en cada ciudadano por promover un diálogo que encauce la unidad dentro de una pluralidad constructiva. Que el ejemplo de Sudáfrica nos sirva para comprender que no se alcanzan grandes cosas soñando en pequeño.</p>

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