El poder desconecta de la realidad

<p>Muchos cuando están en el poder tienden a desconectarse de la realidad, entre más poder tienen o creen tener, mayor es su desconexión de lo que piensa el ciudadano común, de lo que ofrecieron a sus electores, de lo que sus votantes o partidarios esperan de ellos, de lo que el país piensa y necesita, del deber ser, de lo correcto, lo adecuado, lo efectivo para la comunidad, de como ve la sociedad sus actuaciones, lo que la mayoría de las veces no les importa. Cuando llegan a un nivel grande de desconexión comienzan a creer que lo que piensan y hacen, por descabellado o impopular que sea, es lo correcto, comienzan a creerse sus propias mentiras y elaboraciones, por mucho que dañen al país sus acciones, no pueden ni quieren verlo así.</p>
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<p>&nbsp;Algunos llegan a creerse dueños absolutos de la verdad, que los que no están con ellos están en su contra, que los que piensan diferente son peligrosos para la ellos y el Estado, ven conspiraciones inexistentes, se alimentan de los halagos del pequeño grupo que los rodea, mientras más serviles, más apreciados (mientras dure) los que diariamente les dicen que están en lo correcto, que sus ideas son brillantes, su ejecución inmejorable, aún cuando están en un grave disparate, no se atreven a contradecirlos, recordemos a Hitler. Los que los rodean, para ganar su simpatía o lograr ventajas personales, llevan supuestos halagos externos, hacen las cosas incorrectas o sucias que les encomiendan o creen que agradarían a su jefe, eso potencia el círculo vicioso de creer en lo errado, acelera el espiral que los lleva a la desconexión de la realidad, del ciudadano corriente, de sus correligionarios, de lo que cuenta.</p><p>El fenómeno es común en todo el mundo, está en la naturaleza del humano, no es muy difícil caer en ello. Por supuesto hay quienes no caen en ello, personas con gran inteligencia emocional, con la humildad que solo tienen los grandes, con el sentido común como consejero, con una fibra moral fuerte, que los frena.</p><p>Un rey se disfrazaba de jornalero y deambulaba entre el pueblo para escuchar lo que hablaban, como pensaban, como percibían su reinado directamente, sin el filtro o el sesgo de los cortesanos de quienes desconfiaba. En la era actual, es fácil para el gobernante o funcionario que quiere hacerlo, puede leer las opiniones que le favorecen y las que lo critican, estas con mas interés, conocer los documentos de instituciones serias, enterarse de lo que transita en las todopoderosas redes sociales, no tiene que disfrazarse y salir de palacio. Si conversa con personas de carne y hueso inteligentes, independientes, mejor aún, puede preguntar y recibir respuestas francas.</p><p>Hay factores que potencian el fenómeno del cual hablamos, un ego muy grande, la arrogancia, la soberbia, la obcecación, el valorar equivocadamente su astucia o inteligencia teórica por encima de los demás, los de poca inteligencia emocional tienden a desconectarse más aún de la realidad, esos tienen madera autoritaria.</p><p>Cuando coincide un grupo así en causas comunes, realmente desconectados con vividores ambiciosos, se produce una combinación peligrosa, que generalmente camina al desastre. Algunos funcionarios que padecen de ese mal olvidan que su período es transitorio, otros deciden aprovecharse mientras se puede. </p><p>En el país padecemos eso con el grupo que lidera a 50 diputados que han incumplido leyes, desacatado sentencias constitucionales, sumido al país en incertidumbre con sus actuaciones. La realidad siempre cobra caro esa conducta y el país no es la excepción. La desaprobación de las bases del FMLN y del CN con sus líderes se ha hecho sentir. La emblemática frase de una jueza militante del F lo dice todo “¿qué hacen aliándose con esos cochinos?” Pareciera que el cambio de postura sobre el fiscal se debe a esas reacciones, un toque de realidad.</p>

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